Es difícil sostener algo genuino cuando todo empuja a que las relaciones sean transaccionales, descartables, utilitarias. En un contexto donde dar y recibir parece estar mediado por la conveniencia, la traición deja de ser excepción para volverse regla. En ese terreno áspero, donde la confianza se desgasta y los vínculos se vacían, aparece Comevidrio.
El dúo punk presenta «No lo voy a devolver«, su primer single y único adelanto de su álbum debut. La fórmula de CV es ganadora: una fórmula mínima de bajo y batería, estructuras directas, repetitivas y filosas, dos voces que se cruzan y refuerzan en cada verso. Octavio y Catalina plantean la canción desde la urgencia, satirizan y llevan a un punto último una situación de deslealtad, cada vez más cotidiana. Es la elección de nombrar la herida.
El tema gira en torno a un gesto simple y brutal: dar una mano y que te agarren el brazo entero. Sin maquillaje, sin desarrollo narrativo, casi como un loop ruidoso que insiste hasta volverse cuerpo. «No lo voy a devolver» señala a esas personas que buscan la conveniencia de cada interacción.
Dentro de esta lógica, la repetición excede el recurso estético para tomar una posición. La canción es corta, pegadiza y frontal, pero también incómoda. La portada, realizada por el artista plástico Yeyo García, traduce visualmente ese mismo gesto: la exageración del aprovechamiento, el vale todo, la distorsión de los vínculos.
Este single anticipa el universo conceptual y sonoro del primer disco de Comevidrio, que verá la luz el próximo 23 de abril. Un proyecto que, en línea con su manifiesto, entiende la música como espacio de confrontación, comunidad y posicionamiento político. Hace del punk una bandera y de la comunidad una trinchera.
En tiempos donde todo parece negociable, el dúo elige marcar un límite y lo hace sonar.





