La quinta entrega de la ópera «Historias y Leyendas junto a una Piedra que Late» encuentra su inspiración en «la Loca María», un personaje entrañable de la memoria colectiva tandilense. Entre recuerdos de infancia, leyendas urbanas y una profunda mirada sobre la marginalidad, Marcelo Foschino transforma una historia local en una canción cargada de sensibilidad.
Con el lanzamiento de «La Hija de la Piedra», Marcelo Foschino continúa desarrollando el universo narrativo de su ópera, una obra que recupera personajes, mitos y recuerdos profundamente ligados a la identidad de Tandil.
Detrás de esta nueva composición aparece la figura de «La Loca María», una mujer que recorría las calles de la ciudad y que marcó la infancia del músico. «Era un personaje que me aterraba cuando era chico«, recuerda Foschino. «En mi casa siempre le dábamos comida o ropa. Yo corría a avisar que había llegado y la miraba escondido detrás de la puerta«. Con el paso de los años, aquel miedo infantil dio lugar a una profunda fascinación por esos personajes anónimos que formaban parte del paisaje cotidiano.
Según relata el compositor, existía una vieja leyenda que vinculaba a María con la Piedra Movediza, una historia que nunca logró reconstruir por completo, pero que alimentó el imaginario de la canción. «Yo la veía como una mujer de piedra, siempre vestida de negro, con el pelo gris. Esa imagen quedó grabada para siempre«, explica.
Foschino sostiene que esos vagabundos (como Cacheta, el Loco Pito, Lacho o la propia María) representaban mucho más que simples personajes urbanos. «Nos despertaban miedo de chicos porque eran lo desconocido, pero con el tiempo entendí que también despertaban algo de nosotros mismos«, reflexiona. Para el músico, esas figuras funcionaban como un espejo del inconsciente y, al mismo tiempo, despertaban la solidaridad de toda una comunidad. «Todos les daban de comer, los ayudaban, eran parte de la conversación cotidiana de la ciudad. Hoy prácticamente ya no existen y la obra también intenta rescatar esa memoria«.
La canción tuvo incluso otro nombre en sus primeras versiones. Originalmente se llamaba «María sin amor», una referencia que, según explica el autor, nació de una pregunta que lo acompañó desde la infancia: «¿A quién amaban esas personas? ¿Quién las abrazaba? ¿Con quién compartían un beso?«. La inspiración, reconoce, dialoga con la sensibilidad de «Eleanor Rigby», el clásico de Paul McCartney que retrata la soledad de los personajes invisibles.
En uno de los pasajes más simbólicos de la obra, cuando la letra dice «Cantando va mi canción«, Foschino revela que el verdadero sentido es otro: María se convierte en la musa que inspira la composición, aunque ella nunca llegue a saberlo. «Ella va cantando una canción sin saber que es la canción que estoy intentando escribir«, resume el artista.
Más que una simple canción, «La Hija de la Piedra» funciona como un homenaje a quienes alguna vez caminaron las calles de Tandil dejando una huella silenciosa en la memoria colectiva. Con sensibilidad y un fuerte arraigo local, Marcelo Foschino convierte esas historias olvidadas en patrimonio emocional a través de la música.





