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Gustavo Cordera: «Lo que nos hace humanos de verdad es la capacidad que tenemos de equivocarnos»

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Gustavo Cordera y La Caravana continúan su recorrido por diversas ciudades del país presentando «La fuente«, su último trabajo de estudio. En el marco de su gira conversamos con el músico sobre el proceso creativo, la libertad artística, el paso del tiempo, el vínculo con el público y una manera diferente de entender el escenario. Una charla en primera persona en la que Cordera también reflexiona sobre el error, el éxito, el rock y la vida, y comparte su mirada sobre esta nueva etapa junto a La Caravana.

¿Cómo venís trabajando esta gira, que además tiene una nueva formación y algo muy particular: estás trabajando junto a tu mujer y tu hija?

Yo vengo desarrollando esto desde el año 2009. Cuando me voy de Bersuit, mi intención en ese momento era integrar a mi familia al universo rock. Ya mis hijos estaban empezando a crecer y en casa hay rock. Para mí, el rock son emociones, es enfrentarse al sufrimiento, es resiliencia, es actitud frente a las cosas, es decirse las cosas en la cara, profundizar. Y todo eso es rock y arte también. Entonces, esa era un poco la idea: empezar a vivir como un nuevo proceso en mi vida artística.

Este año se cumplen 38 años que estoy en esto. Y mirá, te digo más: ya se equilibraron los años que estuve en Bersuit con los años que estuve en La Caravana. La cantidad de discos también es increíble. En Bersuit hice ocho discos, pero hay uno doble, y acá serían nueve, porque «La Argentinidad al Palo» es doble. Y acá ahora «La fuente» es el noveno disco que tenemos. Son 18.

O sea, hay un equilibrio muy grande entre los dos mundos, una balanza entre los dos mundos. Ahora faltaría integrarlos.

Me sorprende cómo con cada trabajo encontrás la forma de reinventarte continuamente, sobre todo en las letras, en esa profundidad con la que trabajás lo cotidiano y lo transformás en algo mágico. ¿Cuál es el trabajo artístico o espiritual que hacés para llegar a ese resultado?

Soy una persona muy inquieta desde muy chiquito. Tengo la Luna en Escorpio y estoy muy relacionado con la muerte y la vida, ¿no? Los procesos que mueren y procesos que nacen con la oscuridad. Cuando digo la oscuridad no quiere decir que sea algo que esté mal, sino con el inconsciente, con el misterio, con el arte. Entonces yo tengo una mirada profunda y artística, no solamente de afuera, sino de mí adentro.

Cuando voy descubriendo cosas, que siempre estoy descubriendo cosas, y ahora a más velocidad… ¿Vos sabés que cuando pasa el tiempo los acontecimientos creativos, artísticos, la intuición, se aceleran? Yo estoy ahora componiendo mucho más que en mi época más prolífica de Bersuit. Estoy en un estado de composición, ya te diría, constante. La poesía para mí ya es el lenguaje que utilizo para nombrar las cosas. Estoy jugando constantemente. Entonces yo creo que, por lo menos así lo entiendo, un proceso artístico consciente tiene que acompañarte hasta los últimos momentos de tu vida y puede ir floreciendo cada vez más. Picasso a los 70 años hizo su gran obra. Hay muchos pintores, muchos, por lo menos en aquellas épocas donde vivían ese proceso artístico, que no hay que confundirlo con el proceso de la fama.

¿En algún momento pudiste separar al artista de la persona que sos?

Es que están separados. Te diría, mirá, te voy a decir algo. Aunque no lo puedas creer: son antagónicos. Porque la fama es… El famoso es el esclavo de la élite. Es la persona que tiene que servir al mecenas, a la industria discográfica, entretener, ser políticamente correcto. Hay una bajada de línea muy clara. Que si vos la seguís, te van a dar un Grammy, te van a premiar. Pero si vos vas a buscar tu ser genuino y tu ser auténtico, sos como un atentado contra el pensamiento igualitario, para decirlo de alguna manera. De hecho, yo soy para la sociedad argentina un ser muy revulsivo, contradictorio, ¿no? Porque me ama y me odia a la vez.

En silencio me quieren, pero en las premiaciones tratan de que no aparezca y solo porque tengo a mi niño abierto, o sea, a mi mirada sin filtro. Yo veo, describo, digo, soy un mensajero. Lo que molesta muchísimo a la sociedad en la que vivimos.

Y también tenés la posibilidad de mostrar ese mensaje. Hay muchos mensajeros que no la tienen. Tenés un poder muy grande: salir a mostrarlo, decirlo, que la gente te escuche, que lo replique, que te siga. ¿Hay una responsabilidad en eso?

Sí. Fundamentalmente yo creo que son más las canciones. Lo que sostuvo mi voz social son las canciones, no mi ego. Mi ego de alguna forma ha sido vapuleado, ha sido rechazado. Y está bien porque es provocativo, molesto. De alguna manera siempre fui como muy desbordado socialmente hablando. Y eso, de alguna manera, atenta contra el humor social. Y más en las últimas épocas, donde había que utilizar palabras correctas, emociones medidas, desapasionadas. Esta cosa media friki así, con temperaturas que no oscilen entre más de los 18 y 20 grados. Si es 17 grados, prendo la calefacción. Y si es 21, prendo el aire acondicionado. Porque tengo frío y tengo calor. Vivo en una situación de irritabilidad y susceptibilidad frente a todo lo que sucede, porque la vida me da paja y porque me gusta o no me gusta.

Fijate que estamos en un mundo donde se le da valor al “me gusta”. Yo voy al gimnasio todos los días, no me gusta. Levantarme a la mañana para hacer las cosas que tengo que hacer, no me gusta. Estar discutiendo y reaccionándome intrincadamente en una relación de pareja, no me gusta. Criar hijos, no me gustó. O sea, todo lo interesante de la vida, todo lo que realmente me aporta un crecimiento de verdad y me ha hecho bien en la vida sufrir, por ejemplo, no me gusta. Sin embargo, es ahí justamente, en ese lugar, donde está la experiencia humana más nutritiva, más rica y más enriquecedora. Donde se desarrolla el arte, el pensamiento profundo, donde se hace amplia la vida. Yo creo que el arte, cuando vos encontrás una canción —te digo, “El secreto”, “El delator”, “La confesión”, o mismo “El amor”—, son canciones tremendamente disruptivas porque no entran en la trampa de la dualidad política.

Cuando entrás en esa trampa, parece que fueras disruptivo, pero sos funcional a la sociedad. ¿Por qué? Porque generás odio, generás bronca, generás separación. Entonces, tu aporte como artista queda utilizado por los ingenieros sociales que se dedican a eso, a trabajar el humor social para tomar después medidas y ganar dinero y tener a la gente encerrada y con miedo. Todo lo que estamos viendo ahora también no sucedería si las personas vivieran poéticamente, vivieran artísticamente, porque vos integrarías los mundos. Y bueno, el arte es eso que nos hace humanos, que nos llega a las fibras del corazón.

Nos abrazamos vos y yo y seguramente, si estuviéramos en una tribuna política, nos estaríamos cagando a trompadas. Y si estuviéramos discutiendo sobre el feminismo también. Y si estuviéramos discutiendo sobre el equipo de fútbol que vos sos, también. Y si estuviéramos discutiendo como pareja, también. Pero una canción hace que vos y yo, al menos por un momento, estemos sintiendo que somos uno, que nos podemos querer, que nos podemos abrazar. Nos hacemos cómplices. Nos hacemos fuertes los dos juntos.

¿Ganaste libertad al componer sin tantas expectativas? ¿Es una forma de libertad bajar las expectativas y decir: “Hago esto que me resuena, hago esta canción, esta letra”?

Las canciones se liberaron de mí. Y las permití. Porque toda la vida componés para un disco, o componés para lograr que una canción entre en la radio, o componés para que venga más gente, o componés para ganarte un premio, o componés porque tenés un contrato, o componés porque hay que hacer un disco que hace dos años que no hacemos ninguno.

El tema es que cada vez que uno carga con tus necesidades, la palabra exacta es la palabra necesidad. Donde entra la palabra necesidad, está ausente la palabra amor, está ausente la palabra libertad, está ausente la palabra… no habitás. La necesidad hace que la vibración sea miserable. Donde hay una necesidad, hay miseria. Siempre. Si trabajás por necesidad, no vas a ganar dinero. Si estás con una relación por necesidad, no vas a conseguir amor. Pero eso ya lo sabemos, es el manual de la especie humana. Yo lo experimenté muchísimo eso.

Si bien muchas composiciones me excedieron de alguna manera, siempre iban cargadas con alguna expectativa. Ya hace dos discos, y fundamentalmente el último, las canciones se presentaron solas, totalmente solas. No sabía ni que existían. Yo grabo canciones. Hago canciones, las grabo, las dejo, hago otras, las dejo, así años.

Y en pandemia, sumado a la situación social que yo tenía por la cancelación y ya terminado el contrato con Sony, no había ninguna expectativa. Hasta inclusive, lo que yo sabía era que no me estaba yendo bien, a pesar de tener cantidad de canciones hermosas que podría ir la gente a disfrutar. Se la tenía que ver conmigo arriba del escenario. Entonces la gente prefería escuchar esas canciones en su casa antes que venir a verme a mí. Salvo siempre un grupo de gente que pudo comprender las cosas más allá del rechazo que pueden tenerme. Con el tiempo me fui relajando en ese sentido y me fui subiendo arriba del arte, me fui subiendo arriba de las canciones.

Y en el último disco más todavía, hay una intención desde que lo grabé: cantar las canciones desde la neutralidad, para que el que lo escucha no tenga que atravesarme a mí, a mi intención, a mi emocionalidad, a mi intensidad. Para servir a las melodías, servir a la letra, servir a la historia, acompañar en la historia y no subirme arriba de esa historia para que la gente diga “qué bien que canto”, “qué bien que interpreto”. Nada. Y se escucha. Si te ponés a escuchar de ese lugar y comparás con otros discos, para mí el logro más grande de este disco —tiene muy buenas canciones y demás, hay otras muy buenas canciones en mi historia—, lo más grande que tiene este disco es la neutralidad, la ausencia de ego. Estas canciones nacen porque yo me puse a escuchar quinientas y pico de canciones que tenía grabadas, porque estaba buscando diez canciones para un disco de Estela que le prometí que íbamos a hacer. Y es muy loco: buscando las canciones de Estela me encontré con estas canciones que yo no sabía que existían.

Y cuando las escuchaba era un llamado al corazón, al alma. Decía: “La puta madre, esto escribí yo, esto salió de mí, ¿y en qué momento salió?”. Cuando no tenía ninguna posibilidad de ser. Entonces eso me enterneció. Es como estar en una isla y recibir una botella con un mensaje. Eso fue para mí: ser un náufrago en el medio del mar y encontrarme con un mensaje que me acompañó. Estas canciones fueron eso y fueron concebidas con esa alma, con esa magia. Y es por eso que estoy pasando un momento muy, pero muy lindo.

En este momento de mi vida, ya por cumplir 65 años, la gente me está agradeciendo las canciones y, en definitiva, es lo único importante que tengo para dar. No mis opiniones políticas, ni mis opiniones acerca de la vida, ni lo que tenés que hacer con tu vida, ni salir a pelear con algún presidente. No es ese mi lugar ya. No es honesto hacer eso, por más que sé perfectamente, porque lo he comprobado, que es muy convocante eso.

¿Sentiste el peso del éxito en algún momento?

Sí, claro. Y porque, de alguna manera, es muy demandante y uno sabe perfectamente que para sostenerlo tiene que ser complaciente. Entonces, complacer a los demás… ¿Viví una relación de pareja donde tengas que solamente complacer a la otra persona?. Decime, ¿cómo te sentís? Construiste una prisión para vos. Entonces eso no le sirve ni a la gente, ni a mí, a nadie le sirve eso.

Pero la masa, para decirlo de alguna manera, tiene ese poder, se arroga ese poder de apoderarse de sus ídolos. Porque es una fascinación que producen las personas que son genuinas. Tu ser genuino se activa cuando ves a otro que lo es. Vos querés ser como esa persona porque, en el fondo, inconfeso, vos también cantás. Te gusta cantar. A vos también te gustaría hacer canciones, a vos también te gustaría estar arriba de un escenario. Pero no querés vivir el proceso. ¿Por qué? Porque te da paja, porque no te gusta. Esto es muy sacrificado.

Recién cuando me llamaste estaba vocalizando. Cuarenta años, hace que vocalizo, tengo una alimentación muy consciente. Todo lo que hago, lo hago a conciencia para subirme arriba de un escenario y dar lo mejor de mí. El estigma este del rockero, que sube duro, borracho, todo reventado, y la gente se le tira encima y lo ama porque “pobrecito, mirá cómo está”, es muy perjudicial para la gente. Eso es muy miserable para vos y para la gente. Es ir a aplaudir a Cristo crucificado, en vez de abrazarlo: “Mirá cómo estás, vení, te vengo a dar una mano, te quiero”. Hay una morbosidad.

Y nosotros simbolizamos, de alguna manera, un programa, un arquetipo que viene desarrollándose hace miles de años en la humanidad: el circo romano.

¿Qué cosas te dan esperanza de este mundo donde todo sucede tan rápido?

A mí, la resiliencia que yo tengo para salir adelante, que tuve para salir adelante. Si hay muchos seres humanos con la resiliencia que tengo yo, vamos a salir adelante. No me cabe la menor duda. Nosotros somos un milagro capaz de dar vuelta cualquier partido. Solamente es importante aprender del sufrimiento, aprender de esta experiencia y entender el juego también. Yo siempre fui muy crítico del movimiento rock, estando adentro y siendo parte. Atravesé todo esto que te estoy contando en mi propio cuerpo y en mi propia experiencia. A mí nadie me va a venir a explicar qué es la cocaína, ni qué es la arrogancia, la omnipotencia. No necesito ver a nadie para eso. Estuvo en mí todo eso, estuvo en mi cuerpo, lo viví y lo trascendí también. Hoy agradezco haber pasado por todas esas instancias.

Eso me ayuda a mí a ser padrino de una fundación que se llama Eira, donde están trabajando hace muchos años en la rehabilitación, recuperación y restauración de pibes. Uno de los pibes, la vez pasada, yo estaba cantando “Soy mi soberano”, me dice: “Pelado, es increíble. Nos acompañaste cuando me estaba destruyendo y ahora me estás acompañando para que sane”, me dijo: “Sos parte de toda mi vida”. y le de digo: “Sí, porque yo también fui honesto destruyéndome ante tus ojos y ahora también soy honesto en la reparación”. No necesito estar en la pose del rockero reventado para que la gente me quiera.

Y lograste también, con esa sinceridad, que decante y quede un público que realmente sigue creyendo en tus canciones.

Es hermoso. Los conciertos son hermosos. El otro día, en San Isidro, es hermoso lo que pasa con la gente. La gente viene, llora, putea, grita, se ríe, se abraza, baila y, en definitiva, con tanta expresión, salen. Yo veo cómo entra la gente, lo siento cómo entra, y veo cómo se van. O sea, se activa algo, algo adentro de ellos. Se llenan de energía, se llenan de entusiasmo, se llenan de alegría. Y eso lo producen las canciones, la música. A todos nos pasa. Lo que le pasa a la gente me pasa a mí, es un ritual del cual no nos podemos escapar ninguno…

Yo, si bien oficio de cantante y hay un escenario que genera una diferencia entre lo que es el abajo y el arriba, mi objetivo, mi preocupación cuando subo arriba del escenario es cómo me acerco, cómo bajo hacia ahí, cómo llego a ese lugar. Porque aunque estén abajo, es un lugar que yo tengo que alcanzar. Es una cima alcanzar el corazón de la otra persona, aunque esté ahí abajo. Entonces hay un momento del show que empieza a pasar que nos encontramos y que ya no hay esa diferencia, que la gente se acerca.

¿Y sabés cuándo sucede eso? Cuando te equivocás. Cuando la gente te ve humano, cuando mostrás una contradicción. Eso que se ataca, se cancela y se condena es lo que nos hace humanos. No ser inteligentes ni sensibles, porque hay animales que lo son y más que nosotros. Lo que nos hace humanos de verdad es la capacidad que nosotros tenemos de equivocarnos. Eso que se llama el error no es más que un portal hacia otro lugar. Eso para mí es la puerta de Dios. Yo lo llamo a los errores. Entonces, cuando estamos arriba del escenario y alguno se equivoca una nota o algo, yo me pongo contento. Antes me ponía tenso. Me pongo contento porque yo sé que estamos ante la entrada de algo nuevo. Y lo manifiesto y lo muestro arriba del escenario.

Para que el que está abajo, que le pasa eso constantemente, como me pasa a mí todos los días, que nos equivocamos todos los días, se sienta bien por ser humano. No que tenga que esconderse, tenga que recibir el castigo en un trabajo o autocastigarse. El daño que nos hacemos los seres humanos por castigarnos a nosotros mismos cada vez que nos equivocamos…Nuestros padres empiezan a hacerlo, en la escuela empiezan a hacerlo.

¿Por qué? Porque hay una necesidad de que seas parte. La sociedad pareciera que no se equivoca y vos como ser humano sí. Entonces tenés que escuchar y hacer todo lo que te dicen. El deber ser, ¿no? No lo que sos. El deber ser. Ahí perdés tu autenticidad, tu creatividad, tu ser genuino, tu valoración personal. Que tu espíritu esté feliz y sonría por la cantidad de cagadas que te mandás todos los días.

¿Tu espíritu está feliz hoy?

Sí. No todos los días, porque es espasmódico. Hay momentos que sucede y hay momentos que vuelvo a las tinieblas. Me vuelvo a dormir.

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Mariana Binder
Diplomada en Industria de la Música por la Universidad Nacional de las Artes y Licenciada en Artes por la Universidad Nacional de San Martín. Periodista, cantante, compositora y comunicadora cultural. Estudió arreglos musicales en la Universidad Nacional del Litoral. En 2017 publicó Fábrica de Canciones, su primer libro, donde reflexiona sobre el pop y la industria musical contemporánea. Además de investigar y escribir sobre música, integra el dúo electropop Blop! junto al músico Ezequiel Calvo. Actualmente se desempeña como Country Partner de Songdew para Latinoamérica.

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