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Landroid explora los mitos, el dstino y los paisajes del desierto en su nuevo álbum

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Desde el corazón del Alto Desierto de California, Landroid se mueve dentro de un universo sonoro tan vasto y misterioso como el paisaje que lo inspira. El proyecto formado por Cooper Gillespie (voz, bajo y teclados) y Greg Gordon (batería y secuencias) nació tras décadas de experiencia de ambos músicos en giras internacionales y en la escena punk y rock de Los Ángeles, antes de establecerse definitivamente en Landers, una pequeña localidad del desierto de Mojave.

Ese cambio geográfico también significó una transformación artística. Bautizada en honor a su ciudad adoptiva, la banda encontró en el entorno árido y expansivo del desierto una nueva identidad creativa. Sus composiciones evocan horizontes infinitos, atmósferas cinematográficas y una sensación de misticismo que atraviesa toda su obra.

Su álbum debut, «Imperial Dunes» (2019), publicado a través de su propio sello Mojave Beach Records, presentó una propuesta sonora envolvente y etérea. Entre sus canciones más destacadas se encontraba “Yellow Sea”, una reflexión surrealista sobre la vida después de la muerte que llevó al medio PopMatters a señalar que podría funcionar perfectamente como banda sonora de una escena onírica en series y películas como «Twin Peaks» o «Mulholland Drive«.

Ahora, el dúo se prepara para lanzar «Constellation» en 2026, un trabajo que amplía considerablemente el alcance narrativo de la banda. El álbum inicia con el mito gnóstico de la creación protagonizado por el demiurgo Yaldabaoth, para luego trasladar el foco hacia una historia profundamente humana: dos amantes involucrados en el robo de un banco, un disparo que altera sus vidas para siempre y la compleja red de acontecimientos que los condujo hasta ese momento decisivo.

La participación del cantautor de Joshua Tree Nigel Roman aporta una nueva dimensión emocional al proyecto, especialmente a través del diálogo entre voces masculinas y femeninas que atraviesa gran parte del disco.

No es un trabajo para tomar a la ligera, porque hay una profundidad interesante. A mitad de camino entre Pink Floyd y propuestas más electro como Goldfrapp o New Order. Un viaje en el tiempo debido a que el sonido logrado remite a pasado, presente y futuro. Los flangers en las voces, el trabajo rítmico de la batería, los arreglos de los bajos, el trabajo del stéreo y las capas que van asomando a medida que las canciones van tomando forma tienen que ser escuchados con detenimiento y disfrute.

Con este trabajo, parece que están dispuestos a seguir expandiendo ese universo, combinando relatos mitológicos, drama humano y una estética sonora que invita tanto a la contemplación como a la imaginación.

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