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Joana Carrasco: el tiempo, la memoria y una canción propia

JOANA CARRASCO

Compositora, pianista y cantautora nacida en Venado Tuerto y criada en Gálvez, Joana Carrasco enlaza la formación musical académica, la experimentación y la gestión cultural con una escritura íntima, atravesada por el desarraigo, los vínculos y la percepción del tiempo. En su álbum debut, «Ya«, esas experiencias cotidianas se transforman en canciones que cruzan el piano de concierto con el pop, el bolero, la trova y las músicas del litoral. En los Premios AqM a la Música Independiente 2026, está nominada en la categoría Mejor Proyecto Solista Femenina Pop Alternativo por “Mar adentro”.

Tu historia con la música empezó en la infancia y atravesó distintos espacios de formación y creación. ¿Qué momentos de ese recorrido fueron decisivos para llegar a tu proyecto como cantautora?

Soy santafesina y vivo hace varios años en Buenos Aires. Soy compositora, pianista y cantautora. Estudié música desde la infancia y me especialicé profesionalmente en composición, piano, gestión y mediación cultural, tanto en el ámbito universitario como en espacios no formales.

Nací en Venado Tuerto y pasé toda la infancia y adolescencia en Gálvez. En mi casa familiar se escuchaba mucha música: mi viejo tenía una gran colección de discos y cassettes que sonaban todo el tiempo, además de la radio. A los 5 años empecé a explorar varias disciplinas artísticas en el departamento infantil del Liceo Municipal de Gálvez y, a los 7, a estudiar específicamente música. Enseguida mi papá y mi mamá compraron un piano, porque ellos, y también mis dos abuelas, habían deseado aprender a tocar y no lo habían concretado por no contar con la posibilidad de tener el instrumento. Había un gran entusiasmo familiar alrededor de eso. El piano me cooptó por completo.

Hace poco encontré en un cuaderno de tercer grado de primaria un dibujo que hice sobre la consigna “Graficá el trabajo que te gustaría desempeñar”, con motivo del 1.º de mayo. En ese momento me dibujé a mí misma tocando el piano.

Hasta terminar el secundario pasé mucho tiempo estudiando música y tocando: como solista, en ensambles de música de cámara, en grupos de folklore y en la Banda Municipal de la ciudad. A los 18 años me mudé a Santa Fe para estudiar en el Instituto Superior de Música de la UNL. La Licenciatura en Música, con orientación en Composición, fue todo lo que esperaba y más; la disfruté muchísimo. Empecé a componer y tocar música más experimental, compuse música para documentales, participé en varios proyectos de investigación y congresos, e hice cursos en Brasil becada por la universidad.

Paralelamente, trabajé varios años como docente de música y, en un momento, empezó a interesarme mucho la gestión cultural. Continué mis estudios de posgrado en gestión, mediación cultural y cultura pública, que es la rama laboral en la que me desempeño hasta el día de hoy.

Hace 12 años vivo en Buenos Aires. Trabajo en la Dirección de Cultura de la Biblioteca Nacional, donde estoy a cargo de la programación de música y artes escénicas. El trabajo varía y se reinventa bastante en función de las distintas características y propuestas de cada gestión. Durante estos años trabajé en ciclos de conciertos; programación de música y artes escénicas con temáticas específicas en el marco de muestras, jornadas y centros de estudio de la Biblioteca Nacional; edición de libros sobre música; edición de discos; contenidos para web y televisión; composición e interpretación de música original para proyectos institucionales; y convenios culturales con universidades, conservatorios, embajadas y otros organismos.

Buenos Aires es una ciudad con un movimiento cultural muy intenso. Desde que llegué pasé por un montón de espacios de formación y desarrollo artístico, relacionados tanto con la música como con el teatro, el cine y la escritura. Al principio estaba fascinada y quería hacer todo junto; de a poco fui recogiendo esas experiencias para enfocarme puntualmente en lo musical. Así llegué a la concreción de «Ya«, que es mi primer disco como cantautora.

En tus canciones conviven distintos géneros y una escritura muy ligada a lo autobiográfico. ¿Qué encontrás en esas experiencias personales que te impulsa a convertirlas en música?

Mis canciones surgen de la exploración y el cruce entre diferentes géneros. Escritas a partir de texturas pianísticas, fusionan gestos de la música de concierto con elementos tomados del bolero, la música experimental, la trova cubana, la música del litoral, el folklore y el pop. Están pensadas como una expresión de las “escrituras del yo”. Lo autobiográfico representa un material de partida, tanto musical como literario. En cada canción subyace un relato.

Mi escritura surge de lo cercano, de las cosas que me ocurren, de expresiones que repito todo el tiempo. Por ejemplo, desde que vivo en Buenos Aires a cada rato digo: “No sé, yo no soy de acá”. Mis amigues me lo hicieron notar y, a partir de ahí, compuse una de las canciones de mi disco, en la que hablo del desarraigo, de la distancia y de la extrañeza.

“Un día más, un día menos” es como un mantra con el que cotidianamente saludo al llegar o al irme. Alguna vez bromeé con hacerlo canción y ahora existe “Mar adentro”. En mis letras se expresa también mi percepción del tiempo: su paso, sus formas, distancias, urgencias, nacimientos, partidas, esperas, ausencias, fechas, horas y trascendencia.

Mirando hacia lo que viene en tu camino artístico, ¿qué nuevas búsquedas musicales te gustaría explorar y qué lugar ocupa para vos el encuentro con el público a través de tus canciones y tus presentaciones en vivo?

En este momento estoy completando la preproducción de mi próximo álbum, ajustando algunos detalles y tomando decisiones antes de iniciar el proceso de grabación y producción. Tengo muchas ganas de que esas canciones nuevas que ya existen en mi mente, entre mis partituras y que voy estrenando en algunas de mis presentaciones, trasciendan a ese estado.

También quiero seguir tocando cada vez más en vivo. Me presento como solista con un set de voz, piano, bombo legüero, caja coplera y otros instrumentos de percusión, interpretando mis canciones y versiones de otros cantautores en un formato íntimo. Pienso la ejecución musical, el canto y la puesta en escena como representación de un cuerpo historizado.

En un contexto atravesado por plataformas, métricas y urgencia por generar visibilidad, ¿cómo se sostiene un proyecto independiente sin perder el vínculo con la propia música?

Ser una artista independiente, sostener un proyecto propio y crear un disco es un trabajo bellísimo. También es una inversión grande de tiempo, energía y dinero; una entrega física y emocional intensa; la exposición voluntaria y, a la vez, incontrolable de algo que antes fue íntimo y propio.

En épocas de plataformas, redes, métricas, monetización, inmediatez, algoritmos, entretenimiento, seguidores, likes y especulación, creo que es frecuente confundirnos, frustrarnos, perder por momentos el foco o desconectarnos de nuestra propia música.

Instancias como estas, en las que podemos contar con la escucha atenta de músicos y profesionales que admiramos y saber que reconocen nuestras canciones al nominarlas, se sienten como asomar la cabeza afuera de ese río correntoso y tomar aire para seguir componiendo con convicción la música que queremos hacer, confiando en la potencia del trabajo y de lo verdadero.

Si alguien se acerca por primera vez a tu música, ¿por dónde le recomendarías empezar y qué puede encontrar en esas primeras canciones?

Les recomendaría que escuchen las tres primeras canciones de mi álbum debut, «Ya«. “Mar adentro” habla sobre la búsqueda de conexión con la propia subjetividad en medio de una gran agitación interna, incrementada por la desmesura y la incertidumbre de la vida urbana actual. El contraste entre la textura pianística urgida y virtuosística, la profundidad del arreglo de cuerdas y la voz que canta desde el sosiego y la introspección intenta capturar la coexistencia y la sinergia de estos ánimos y sensaciones contradictorios.

“Yo no soy de acá” aborda desde la letra la sensación del desarraigo y el desconcierto al intentar habitar una ciudad grande, ajena y muy diferente al lugar de origen. Desde lo musical, refleja el caos real y emocional que implica esta experiencia mediante la fusión de la música de concierto para piano con el pop y la trova santafesina.

En “La mañana después” confluyen el bolero, la canción de autor y la música para piano de concierto. Cuenta el comienzo de una historia de amor que se desencadena entre conversaciones, ironía, confusión y declaraciones, sobre un piano despojado y constante como las horas. La canción concluye con una cita al Preludio en do mayor de Johann Sebastian Bach.

El título de tu primer disco, «Ya«, tiene distintos sentidos según el tiempo y el contexto. ¿Qué representa esa palabra para vos y cómo se relaciona con la identidad sonora y visual del álbum?

Mi primer disco como cantautora se titula «Ya«. Es una palabra que puede usarse en tiempo u ocasión pasado, presente o futuro. Tiene significados tan opuestos como “inmediatamente”, “basta” o “luego”. En castellano tiene esa particularidad, por lo que no existe una traducción directa a otros idiomas; para traducirla habría que elegir entre varias opciones con significados diferentes. Me gusta mucho esa singularidad y esa “complicidad”, de alguna manera, con el lenguaje que hablamos acá.

Esto se vincula también con la decisión de escribir las letras de mis canciones con las palabras y las expresiones que uso al hablar: no escribo en neutro, no uso “tú” y demás; escribo como hablo.

En la fotografía y el arte de tapa del disco, el diseñador Máximo Fiori logró interpretar mi obsesión con el tiempo. En un principio yo no quería usar una imagen mía; habíamos decidido que el color fuera azul y que el concepto estuviera vinculado al tiempo. Después Máximo me propuso esta forma de aparecer, de otra manera, materializando el tiempo en mi imagen desde el movimiento y el registro de un rostro ácrono por la disolución de sus contornos.

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