El cantautor tandilense Augusto Márquez, nominado a los Premios AqM 2026 en la categoría Mejor Proyecto Canción de Autor, repasa su trayectoria, su vínculo con la canción y el proceso de creación de su tercer disco, ¿Quién lo dice?. Augusto Márquez tiene una historia musical atravesada por Tandil, Buenos Aires y una permanente necesidad de volver a la canción. Sus primeros demos, su paso por Stopa Dulce Stopa y The Bao Bongo Band, dos discos solistas, dos libros y una extensa trayectoria como cantautor desembocan ahora en un nuevo desafío: un tercer álbum que está presentando de manera gradual a través de singles.
¿Cómo nació tu proyecto y qué recorrido hiciste hasta llegar al momento actual?
Mi primer demo lo hice a comienzos de los años 90, con dos canciones bajo la producción del gran Quique Ferrari. Por entonces también me incorporaba a la banda tandilense Stopa Dulce Stopa, junto a mis amigos Diego Techeiro, Marian Gómez y Hernán García.
Ya en Capital Federal participé de la gestación y desarrollo de The Bao Bongo Band, un grupo entrañable de worldbeat integrado también por otros tandilenses como Gabriel y Pablo Ferrer y Fabián Bullotti. Con la banda llegamos a grabar «América Explota» (2000), un disco en el que participaron músicos como Antonio Tarragó Ros, Alejandro Balbis y Hugo Irrisarri, de Doble Fuerza. Lo presentamos en una gira por la Costa y en escenarios como el Teatro San Martín y el Teatro Santa María.
En 2003 retomé mi carrera como solista y participé del proyecto colectivo Cantantes Contantes, junto a artistas de Argentina, México y España. Allí combiné la canción rock-pop argentina con algunos matices electrónicos y participé de su lanzamiento en vivo durante la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, en el histórico Zócalo de México DF.
Después llegaron mis dos discos de estudio como solista. «El primero fue Intenso» (2007), producido artísticamente por Lolo Micucci, con invitados como Laura Ros, Willy Rangone de Los Cafres, Hernán Saravia, Lucho Katz de Pampa Yacuza y Turco Gandur, de la banda de Luciano Pereyra, entre muchos otros.
En 2012 publiqué Angina de Verso, un álbum en el que rescaté canciones de distintas épocas y revisité sonidos y emociones. Junté todo aquello con lo que estaba haciendo en ese momento. Fue una especie de recorrido, de memorias de vida.
También publiqué dos libros de poemas y canciones: «Undertango«,»Diciembre de Furia y Amor» (2003), con prólogo del cantautor Adrián Abonizio, y «Los destinos sin escribir» (2018). Hoy estoy abocado al tercer disco, «¿Quién lo dice?«.
¿Qué estás buscando expresar actualmente a través de tu música? ¿Qué te moviliza como artista?
Mi patria son las canciones. Entiendo la música y la letra como una forma hermosa de comunicación. Y, en cuanto a lo estético, nunca liviana. Mis letras son incómodas. Soy un cantautor rock argento. Me rodeo de amigos con el pulso de banda para maquillar las canciones que nacieron con una guitarra en una habitación.
La idea es aportar una mirada personal, incluso cuando me pruebo otros trajes o cuento historias de otros, para pintar el tiempo que me ha tocado. Más allá de que creo que está casi todo inventado, siempre intento, aunque más no sea, un rapto de originalidad o frescura en referencia a lo que esté hablando durante esos tres minutos. Y aunque mi base musical se condice con la tradición del rock-pop argentino, no le tengo miedo a la diversidad estilística ni a explorar otros géneros.
¿Qué proyectos, objetivos o sueños tenés por delante?
Mi proyecto actual es este tercer trabajo discográfico, que estoy realizando con Gabriel Ferrer y Marcos Senet, ambos talentosos productores con un vasto camino recorrido en el circuito under. Elegí adelantar las canciones que lo integrarán a modo de singles, que vengo publicando en todas las plataformas y redes. Mi sueño sigue siendo la próxima canción.
¿Cuál creés que es hoy el principal desafío que enfrentan los artistas y proyectos independientes para desarrollar y sostener su carrera?
Los desafíos son internos: que no nos agobie el síndrome de la hoja en blanco. Seguir haciendo. Seguir juntándose con pares. Tocar. Armar comunidad. Y también hay desafíos externos: movernos, visibilizar y divulgar nuestras propuestas. Hacer que nuestras obras trasciendan. Hacer ruido.
Ahí entran a jugar otros condimentos que no dependen tanto del artista, pero se buscan, se pelean y se siguen. Caerse y levantarse, siempre. Quizás tenga un máster en fracasos, pero el motor sigue siendo la emoción de volver a contar, volver a enchufar y ser un granito de arena en este océano del arte que quiere convencernos de que somos inmortales.
Si alguien todavía no conoce tu obra, ¿qué canciones le recomendarías escuchar para entrar en tu universo musical?
Estoy feliz con los adelantos de este tercer disco. Hasta el momento se pueden escuchar en todas las plataformas digitales El Club, No pienso discutir, Ojos de tormenta, Tanguil, Aquellos veranos, Acabándome la vida, Ushuaia y Problemas partidos. Recomiendo estas canciones porque son las que mejor reflejan mi actualidad artística. Nacen del cantautor que soy, pero sin minimalismo: son grabaciones con sentido de banda.
¿Hay algo más que quieras contarle a la comunidad de Aquí Música?
A quienes hacen Aquí Música y a su comunidad quiero decirles gracias por haber craneado esta movida maravillosa con tanto esfuerzo, por la oportunidad y por haber llegado a leer hasta acá, jaja. Para mí no deja de ser otro regreso a Tandil. Más allá de que siempre está muy presente en mi obra y en mi corazón. En un tanguito a mi barrio, «Tanguil«, digo: “Y sigue y ronda, un pedazo de mí que quedó. Y sigue y ronda, un pedazo de mí que partió”, una respetuosa analogía del “siempre estoy llegando” de Pichuco.




