La cantautora argentina transforma uno de los temas emblemáticos del pop nacional en una versión electrónica, oscura y sensual, con nuevos arreglos vocales y una exploración armónica que conecta su formación musical con los códigos de la producción contemporánea. Cecilia La Rocca eligió “Disciplina”, uno de los temas más reconocibles de Lali, para explorar una dirección sonora diferente dentro de su proyecto artístico.
El desafío no consiste en reproducir la fórmula del original, sino en apropiarse de una composición conocida para llevarla hacia otro terreno. La nueva lectura incorpora sintetizadores, bajos profundos, percusión electrónica y una producción que pone especial atención en la voz, las armonías y las capas corales. El resultado conserva la energía del pop contemporáneo, pero introduce una dimensión más melódica y una estética sonora propia.
“Quise tomar una canción emblemática de una artista que admiro y llevarla a mi propio universo. No quiero ser una copia de Lali; justamente me interesaba tomar elementos de su propuesta y atravesarlos por mis características vocales, mi formación y mi manera de entender la música”, explica Cecilia.
Uno de los aspectos más particulares de esta versión aparece en los arreglos vocales. Cecilia construye diferentes capas de voces que, por momentos, evocan sonoridades líricas y operísticas. La referencia no es casual: su formación en música académica se convierte aquí en una herramienta creativa para intervenir una canción concebida desde los códigos del pop actual. El juego con distintas tesituras genera la ilusión de un pequeño coro de cámara detrás de la interpretación principal. En lugar de funcionar como un adorno aislado, estos arreglos aportan una identidad reconocible y amplían las posibilidades expresivas de la canción.
“Me gusta jugar a que tengo un coro de cámara o sinfónico y poder reversionar canciones desde ahí. Es una forma de ser más fiel a mi formación musical y a mí misma”, cuenta la artista, que aborda el proceso con una combinación de rigor musical y espontaneidad.
La transformación también alcanza la estructura armónica. Cecilia modifica la secuencia de acordes y desarrolla una cadencia diferente de la original, desplazando parte de la atención desde el componente rítmico y percusivo hacia las relaciones entre melodía, armonía y voz. La base electrónica sostiene el movimiento, mientras los arreglos amplían el campo de escucha.
Entre la cultura pop y la formación académica
La elección de “Disciplina” permite entender una parte importante del recorrido de Cecilia La Rocca. Sus referencias no responden a una única tradición musical: junto con su formación académica, reconoce la influencia del pop argentino y latinoamericano que acompañó su infancia y adolescencia: “Soy una mezcla de todo lo que fui mamando dentro de mi región demográfica durante mi infancia: Bandana, Mambrú, Violetta, Martina Stoessel, Lali Espósito, Candela Vetrano en SuperTorpe… y, al mismo tiempo, mi formación en música académica”, señala.
Esa convivencia entre universos aparentemente distantes constituye uno de los puntos de partida de su propuesta. En lugar de separar la música estudiada de la cultura popular, Cecilia busca que ambas experiencias intervengan en sus decisiones compositivas e interpretativas. En ese sentido, versionar a Lali también implica reconocer el lugar del pop como espacio de experimentación. La artista encuentra en una canción de fuerte identidad rítmica y corporal la oportunidad de explorar recursos vocales, armónicos y de producción que no había desarrollado con la misma profundidad hasta ahora.
De Avellaneda al mundo
Las voces y los teclados sintetizados se grabaron en el estudio del Centro Municipal de Arte (CMA) de Avellaneda. Sobre ese material, Leandro Castillo desarrolló la producción sonora final, incorporando instrumentación adicional, sintetizadores y distintas capas que completan la arquitectura electrónica de la versión. También estuvo a cargo de la mezcla y la masterización.
La producción combina bombo y percusión electrónica, bajo y subgrave, hi-hats y texturas de sintetizadores. Estos elementos sostienen el carácter bailable de la canción, mientras la disposición de las voces y el tratamiento armónico definen su principal diferencia respecto del original.
El trabajo forma parte de una etapa en la que Cecilia busca actualizar su sonido y acercarse a los lenguajes de producción actuales sin abandonar los elementos que considera centrales en su identidad musical. El acompañamiento artístico de Indie Emergente se integra a ese proceso de desarrollo y posicionamiento: “Indie Emergente me está ayudando a encontrar un sonido que conecte más con la gente de hoy, para poder brindarles mi música a aquellos que todavía no me conocen”, afirma.
La artista también agradece especialmente a Leandro Castillo, Tina Sollosky, Octavio Prochotsky y Susana Galarza por el acompañamiento durante esta etapa.




