Después de años dedicada a la producción musical y a componer en privado, Loshe decidió llevar sus propias canciones al estudio y compartirlas con el público. Su propuesta parte de experiencias íntimas y emociones difíciles de nombrar, con la intención de que cada canción pueda convertirse en un espejo para quien escucha. En los Premios AqM a la Música Independiente 2026, está nominada en la categoría Proyecto Canción de Autor por “Desnudos”.
¿Cómo fue tomando forma el proyecto desde sus primeros pasos hasta la etapa en la que se encuentra hoy?
La verdad es que yo vengo del lado de la producción musical. Durante mucho tiempo componía, pero siempre para mi, de puertas hacia dentro: en los laboratorios, armando canciones, pensando en cómo sonaban las cosas, pero nunca pensando en pararme yo adelante. Componía pero las canciones se quedaban guardadas, como un ejercicio personal más que otra cosa. En algún momento tuve un reencuentro con la composición, algo que despertó de nuevo esa necesidad de escribir. Y me hice esa pregunta que parece obvia pero que a mí me costó hacerme: ¿y por qué no entro a un estudio a grabar mis propias canciones? Al principio fue eso, un ejercicio, casi una curiosidad. No tenía la intención de convertirlo en un proyecto. Pero una cosa fue llevando a la otra, y ahí entendí que esto no era solamente un ejercicio: era algo que necesitaba decir con mi propia voz. Loshe nació así, desde la necesidad de sacarme de encima cosas que sentía, y la mejor manera que encontré fue acomodar esos sentires en canciones. Así, casi sin planearlo del todo, terminé acá: con un disco en camino, y muchísimas alegrías que está música me ha traído hasta el día de hoy.
En las canciones aparecen distintas experiencias, ideas y búsquedas. ¿Qué te interesa expresar actualmente a través de la música y qué te impulsa a seguir creando?
Lo que busco es ser yo. No me interesa construir un personaje ni cantarle a algo que no viví. Escribo hasta ahora para expresar lo que siento ante algunas situaciones, y la canción termina siendo el espacio donde sí puedo decirlo. Hablo del amor que duele, del miedo que aparece justo antes de que algo bueno pase, de esa nostalgia que uno guarda en cajoncitos y no sabe muy bien cuándo abrir. Por eso me considero más «contante» que cantante: no hago canciones pensando en el virtuosismo vocal, las hago pensando en contar algo. Lo que me moviliza es saber que no soy la única a la que le pasan estas cosas. Cuando alguien me escribe diciendo «esto que dijiste, yo también lo sentí y nunca supe cómo nombrarlo», ahí siento que la música está cumpliendo su función. Esa es la búsqueda de fondo, siempre: que mis canciones sean un espejo donde otro también se pueda ver reflejado.
Cuando pensás en lo que viene, ¿qué proyectos o caminos te gustaría desarrollar en esta etapa?
Mira más que ponerme un objetivo cerrado, lo que quiero es dejar que el camino de la música me siga sorprendiendo, como hasta ahora. está nominación en los Premios Aquí Música, y otras que he recibido en el camino, son justamente eso: sorpresas que no fui a buscar de forma calculada, sino que llegaron porque seguí siendo honesta con lo que quería contar. Ese es el sueño de fondo: seguir escribiendo, seguir compartiendo lo que siento, y confiar en que el camino me va a seguir llevando a lugares que ni siquiera imagino todavía.
Desde tu experiencia, ¿qué obstáculos resultan más difíciles de resolver para sostener y hacer crecer un proyecto musical independiente?
Creo que el desafío más grande es sostener la constancia sin perder la esencia. Hoy hay muchísimas herramientas para producir y para mostrar lo que una hace, pero eso mismo hace que haya una exigencia enorme de estar siempre presente, siempre generando contenido, y a veces esa lógica choca con los tiempos que necesita una canción para nacer de verdad. Como artista independiente, tenés que ser muy multitasking comunicadora, gestora de tu propia carrera y seguir siendo, al mismo tiempo, quien escribe y siente lo que canta. Encontrar el equilibrio entre eso es difícil. No siempre hay una estructura grande detrás que te sostenga, entonces cada paso (una nota de prensa, un video, un lanzamiento) se construye con mucho esfuerzo y con la ayuda de poca gente que confía en el proyecto. Y después está el desafío de que te escuchen en medio de tanto ruido. No alcanza con hacer algo honesto, también hay que encontrar la forma de que le llegue a quien lo necesita escuchar. Por eso valoro tanto trabajar con un equipo chico pero convencido, como el que tengo, porque sin eso sería mucho más difícil sostener el proyecto en el tiempo.
Si alguien todavía no conoce su proyecto, ¿qué canción, disco o lanzamiento le recomendarían escuchar para entrar en su universo musical? ¿Por qué?
Le recomendaría empezar por «Desnudos«. Es mi primer single y, en muchos sentidos, la canción que más me representa: la escribí hace años, la guardé en un cajón durante mucho tiempo, y recién con el reencuentro con la música volví a hacerla mía y la saqué al mundo. Fue, de hecho, la primera canción con la que decidí presentarme como artista. Habla de eso: de estar roto, de mostrarse vulnerable sin careta, de que a veces está bien no estar bien. Cuando uno está roto, de alguna manera está muy expuesto, y una forma de estar expuesto es estar desnudo. Por eso el videoclip tiene esa escena tan personal, llorando en la ducha, sin filtro, mientras alrededor la vida sigue pasando. Creo que ahí está la esencia de lo que hago: heridas que no terminan de cerrar del todo, pero también la certeza de que lo que finalmente nos saca de los lugares oscuros es el amor. Empezar por «Desnudos» es empezar por el origen real de todo esto.




