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Luz Hojsgaard: «Durante mucho tiempo me acoplé a la música de los demás hasta preguntarme qué me gustaba a mí»

Profesora y Licenciada en Teatro, Magíster en Teatro y docente de la Facultad de Arte de la UNICEN

Profesora y Licenciada en Teatro, Magíster en Teatro, Doctora en Artes y docente de la Facultad de Arte de la UNICEN, Luz Hojsgaard se desempeña como Jefa de Trabajos Prácticos en las cátedras «Educación de la Voz III» y «Semiótica I y II«. Reconocida por su labor en la creación e investigación escénica y por impulsar proyectos donde la música adquiere un rol protagónico, en esta nueva entrega de La Banda Sonora de Tu Vida repasa las canciones, los recuerdos y los sonidos que marcaron su camino, desde las coreografías de la infancia hasta las melodías que hoy siguen acompañando su manera de entender el teatro y la vida.

Los primeros recuerdos

«Me acuerdo de Piojos y Piojitos. Se me vino a la mente de más grande, cuando cuidé a un nene y la mamá me dio ese CD. Me sabía todas las canciones y de pronto me acordé que las escuchaba mucho de chica. No me puedo acordar en qué contexto, pero me las sé todas.»

En su casa había un televisor blanco y negro al que se le enchufaba un pequeño micrófono: «Con mi hermana cantábamos un montón. Creo que cantábamos las cortinas musicales de los programas de chicos. Teníamos un solo microfonito que prácticamente no se escuchaba nada, pero nos divertíamos muchísimo.«

Poco después llegaron las Spice Girls y los Backstreet Boys.

«A mi hermana le encantaban los Backstreet Boys; a mí, las Spice Girls. Para un cumpleaños me regalaron un cassette y venía con las letras de las canciones. Yo tenía una obsesión con saberme las letras.» No tenía dónde reproducirlo, así que se sentaba en la camioneta de su papá o en el auto de su mamá: «Me sentaba en el auto a escuchar y leer las canciones para aprendérmelas. Con una amiga practicábamos las coreografías y había que saberse las letras«. La radio, los cassettes y las canciones que quedaron para siempre

La adolescencia estuvo marcada por las grabaciones caseras.

«Con mi hermana teníamos un mini grabador y cuando aparecía un tema en la radio intentábamos grabarlo desde el principio, aunque siempre te cortaba la primera parte o alguna propaganda.«

Recuerda haber tenido pocos discos originales: «Uno fue de Coldplay. También escuchaba mucho rock internacional y Queen.«

Hay canciones que todavía permanecen intactas en su memoria: «I Will Survive, de Gloria Gaynor, fue una canción que no me cansé de escuchar hasta aprendérmela. También More Than Words, de Extreme, y Nothing Compares 2 U. Eran canciones permanentes.«

La música de los demás

La relación con la música también estuvo atravesada por las amistades: «En mi casa no se escuchaba tanto música, pero tenía muchas amigas que sí. Ibas a sus casas y tenían una biblioteca de CDs.» Una de ellas escuchaba constantemente a Baglietto y Vitale: «No era algo que yo elegía, pero me encantaba porque a ella le encantaba«. Otra amiga era fanática de Ricardo Montaner y Alejandro Sanz: «Alejandro Sanz me encantaba. Montaner no sé si tanto, pero me sabía todo porque pasábamos las tardes escuchando música a volumen extremo.«

Con el tiempo comprendió algo importante: «La música fue una exploración a través de los gustos de los demás.«

Un tractor amarillo y un escenario improvisado

Entre tantos recuerdos hay uno que conserva con especial cariño: «Creo que iba a cuarto grado cuando con una compañera armamos una coreografía de ‘Tengo un tractor amarillo’. Las dos teníamos familias que trabajaban en el campo y nuestros papás nos hicieron un tractor de fibro fácil«. Hubo ensayos, práctica y muchas repeticiones de la canción, «No me lo olvido más

Curiosamente, en esa misma escuela donde alguna vez cantó y bailó aquella canción, años después aprendería otro de los oficios creativos que hoy forman parte de su vida: el bordado. Una pasión que la acompaña hasta la actualidad y que incluso comparte a través de su emprendimiento de bordados artesanales.

Teatro y música: una combinación especial

En su recorrido artístico, la música ocupó un lugar central: «He podido trabajar con música en vivo en diferentes espectáculos y es algo hermoso. Siempre que pudiese, lo haría.«, y agrega: «La música reproducida dentro de un espectáculo no me conmueve tanto como cuando existe la posibilidad de que la música esté ahí, en vivo.«

La playlist propia

Hace algunos años, en la previa de un viaje en auto a Bahía Blanca, se hizo una pregunta que cambiaría su relación con la música: «Necesito música para atravesar estas cuatro o cinco horas de viaje, pensé. Pero me pregunté: ¿qué me gusta?, ¿qué quiero escuchar?«, la respuesta no fue inmediata, «Durante mucho tiempo de mi vida yo me acoplaba a lo que el otro escuchara. Y en un momento me di cuenta de que ya no sabía qué música me gustaba a mí.«

Entonces comenzó a escuchar la radio, a identificar canciones con el buscador del teléfono y a armar una lista de reproducción propia: «Creo que esa fue una de las pocas veces que armé mi propia playlist.«

La música como refugio

Con los años, Luz fue encontrando una banda sonora más personal. Hoy, su playlist reúne artistas tan diversos como Billie Eilish, Rosalía, Norah Jones, Sia, Imagine Dragons, Adele y Amy WinehouseCualquier mix de chill internacional creo que es lo que más me gusta.«

Después de mucho tiempo de dejarse llevar por los gustos de los demás, la música también se convirtió en un espacio de reencuentro consigo misma, una forma de preguntarse nuevamente qué quería escuchar y qué canciones la representaban.

La música para celebrar

Si hay una canción que hoy representa la felicidad en su vida cotidiana, esa es una elección inesperada: «A mi hijo Danilo le encanta Macarena. Tiene una locura con esa canción.«

El ritual familiar ya está establecido: «Cuando queremos celebrar algo o descomprimir una situación, apagamos todas las luces de la casa, traigo las luces de Navidad aunque no sea diciembre, ponemos la canción en loop y hacemos la coreografía una y otra vez hasta que nos quedamos sin aire.» Y concluye: «Creo que esa canción representa uno de los momentos más felices de estos últimos tiempos.«

Entre canciones grabadas de la radio, cassettes gastados, coreografías de infancia y tardes escuchando los discos de otros, la historia de Luz Hojsgaard parece confirmar que la música nunca deja de acompañarnos. A veces llega desde afuera, en la voz de los amigos o en las melodías que suenan en una casa ajena; otras, aparece como una pregunta necesaria: ¿qué me gusta a mí?

Hoy, entre el teatro, la docencia, los proyectos interdisciplinarios y las canciones que comparte con su hijo, Luz sigue construyendo su propia banda sonora. Una hecha de recuerdos, de búsquedas y de pequeños rituales cotidianos. Porque, al final, quizás la vida sea eso: una sucesión de escenas que van encontrando su música, mientras el telón todavía permanece abierto.

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