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Sergio Feferovich: “La solemnidad y la seriedad no son cosas que necesariamente van juntas”

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El músico, pianista, director y divulgador musical Sergio Feferovich vuelve a Tandil con «La Música de las Ideas«, un espectáculo que combina interpretación, humor, historias y participación del público. En diálogo con Aquí Música, habla sobre su recorrido artístico, la docencia, la creatividad y la necesidad de ampliar nuestras posibilidades de escucha.

El próximo 10 de octubre llega al Teatro del Fuerte (Fuerte Independencia 360) una propuesta que busca acercar la música a públicos diversos a través del piano, el humor, las historias y la participación de los espectadores. El espectáculo parte de situaciones y conceptos musicales para abordar cuestiones como la creatividad, el trabajo en equipo, el liderazgo, la escucha y las emociones.

Con más de 70 ciudades recorridas, más de 120 funciones y más de 35.000 espectadores, la propuesta comenzó su recorrido teatral en 2023 y ya pasó por Argentina, Uruguay, Chile, España y México.

Tu propuesta va más allá del concierto tradicional y propone una experiencia en la que el público también participa. ¿Cómo fue tomando forma esa manera de presentar la música y qué lugar ocupa el repertorio dentro del espectáculo?

Es un espectáculo que combina un concierto de piano con humor, algo de conferencia, participación de la gente, cantar todos juntos y también momentos de emoción. Es un combo que el público recibe con mucha alegría y yo me siento privilegiado porque puedo hacer lo que me gusta y, además, la gente lo disfruta y lo valora.

El repertorio es muy variado. Va desde Bach y Mozart hasta Gershwin, Piazzolla, los Beatles y el folklore. El hilo conductor es que son obras que me gusta mucho tocar.

Yo di mi primer concierto de piano en 1983 y varias de las obras que aparecen hoy en «La Música de las Ideas» ya las había tocado en aquel concierto. Eso demuestra la impronta que puede tener la música en una persona. Hay obras que me marcaron tan fuerte que, después de tantos años, todavía me siguen gustando.

Siempre fui muy fanático de Les Luthiers y seguramente la mezcla de humor y música también tiene que ver con ese recorrido. Hubo un cúmulo de coincidencias que me fueron llevando hasta acá.

Primero hice un concierto didáctico para chicos que se llamaba «La Vuelta al Mundo en un Violín«. Después participé de TEDxRíodelaPlata. Pensé que iba a ser simplemente una conferencia y que después mi vida seguiría como siempre, pero la charla se hizo bastante viral y comenzaron a llamarme empresas, ONG y organizaciones de otros países.

Después, un productor me propuso llevar esa idea al teatro. Lo que originalmente iba a ser una prueba terminó convirtiéndose en esta propuesta que todavía me resulta un poco inentendible: un pianista, un piano y teatros llenos en Argentina, Latinoamérica y España.

Además de músico, sos director de orquesta y docente ¿Cómo conviven todas esas facetas?

Me parece que conviven naturalmente. Ser músico y ser director de orquesta o de coro tiene mucho de ser docente. Incluso cuando dirigís una orquesta profesional, con músicos que saben tanto o más que vos, tu tarea consiste en traducir una partitura que estudiaste y que tenés en la cabeza.

Cuando empezás a dirigir, lo que suena muchas veces es diferente de lo que imaginabas. Entonces tenés que trabajar para acercar aquello que escuchás a la interpretación que querés lograr.

Para eso necesitás recursos didácticos. Y, más allá de que los músicos sean excelentes, tenés que tratarlos bien y considerarlos parte del proceso. Todos tuvimos alguna vez ese docente soberbio que decía: “Conmigo diez no se saca nadie”. Pero si ese docente no tiene alumnos, deja de ser docente. Con la dirección pasa algo parecido: la batuta no suena. Si no tenés músicos que toquen, tu trabajo no tiene sentido. Entonces la docencia atraviesa todos esos roles. A mí siempre me llegaron especialmente los docentes sensibles y divertidos. Y ser músico también implica eso: divertirme con la música y sensibilizarme con lo que toco.

¿Qué importancia tiene para vos ese encuentro que se produce con el público cada vez que tocás en vivo?

Nunca toco dos obras exactamente de la misma manera. Puede haber millones de videos y pianistas mucho mejores que yo, pero la experiencia de ver a un músico en vivo y observar qué le pasa en ese momento es irreemplazable. Cuando empecé a estudiar dirección de orquesta veía a todos los directores muy serios, solemnes, casi de mármol. Y yo nunca me sentí de ese lado. Pero siempre me gustó dirigir.

Con los años aprendí a bancarme ser yo mismo. Pensé: si todos los directores son serios y solemnes, yo elijo hacerlo de otra manera. Y descubrí que los músicos también reaccionaban bien a eso. Podían hacer música de una manera divertida, pero desde la sinceridad. La solemnidad y la seriedad no son necesariamente la misma cosa.

¿Qué puede aportar la explicación y el contexto a la hora de acercarnos a una obra musical?

La música es un lenguaje aparte. Nos comunicamos con palabras, pero la música también tiene su propio lenguaje. No creo que sea imprescindible que te expliquen una obra para disfrutarla. Pero sí creo que explicarla puede agregar algo. Es parecido a lo que sucede con el cine. Podés disfrutar una película sin que nadie te explique cómo está construida, pero después de una charla sobre fotografía, iluminación o montaje podés volver a verla desde otro lugar.

Con la música sucede lo mismo. Hay obras más complejas que necesitan varias audiciones para ser incorporadas y disfrutadas. Y en esta época parece que no siempre estamos dispuestos a invertir ese tiempo, aunque después esa música pueda acompañarnos durante toda la vida.

Explicar puede reducir esa cantidad de exposiciones necesarias para empezar a apreciar una obra. A veces una persona que nunca hubiera buscado una determinada música termina haciéndolo porque alguien le dijo: “Mirá, escuchá esto”. Y eso le da mucho sentido a lo que hago. Si tenés opciones, tenés una libertad de elección más real.

Desde tu mirada como docente: ¿Qué lugar ocupa hoy la educación musical? ¿Qué necesitan los niños para no limitarse a consumir lo que les llega?

Hay muchísimos docentes creativos en Argentina. Y, especialmente teniendo en cuenta las dificultades y la falta de recursos que muchas veces existen, hay que ser muy creativo para seguir dando clases de música. En «La Música de las Ideas» busco plantear justamente que existen diversos estilos musicales. Que el que viene pueda escuchar muchos géneros distintos y después elegir.

La música tiene algo muy tribal: escuchamos todos lo mismo en la escuela y eso nos hace sentir parte de un grupo. Hay que ser bastante osado para escuchar algo diferente. Y aparece una paradoja: los jóvenes sienten que son libres, que quieren hacer lo que quieren, pero muchas veces el algoritmo está decidiendo por ellos. Las propuestas de las plataformas tienden a repetir aquello que tiene mayor circulación o que las compañías quieren vender.

Por eso creo que está bueno tener acceso a distintos géneros musicales y, a partir de ahí, elegir. No digo que esté mal lo que escuchás. Digo: escuchá otras cosas y elegí. Si tenés opciones, tenés una libertad de elección más real.

Hablás mucho de creatividad y de simpleza: ¿Cómo aparece eso en tus espectáculos?

La verdad es que no sé exactamente de dónde viene la creatividad. Hay muchos libros y tratados que hablan de mirar las cosas desde otro lugar y conectar elementos que aparentemente no tienen nada que ver.

Hay una historia que cuenta mi amigo Jerry Garbulsky: la rueda existe hace unos diez mil años y la valija hace unos quinientos, pero recién en el siglo XX a alguien se le ocurrió ponerle ruedas a una valija. Hoy parece obvio. Pero durante siglos nadie lo hizo.

La creatividad muchas veces pasa por conectar dos cosas que aparentemente no tienen relación. También tiene que ver con encontrar analogías y, en mi caso, con el humor. Por ejemplo, en el espectáculo cuento que Vivaldi vivió en Venecia y que tuvo que “remarla” bastante. Es un juego muy sencillo entre la vida del compositor, la ciudad y la expresión “remarla”. Un día apareció esa asociación y funcionó. Creo que hay que mantener la mente abierta y mirar un poco más allá de lo que mira el común de la gente.

La cultura también puede ir quitándonos esa capacidad de observación que tienen los chicos. Un niño puede hacer una pregunta completamente inesperada porque todavía está mirando el mundo sin tantas respuestas prefabricadas. Y las ideas aparecen en cualquier momento. Hay que estar preparado para anotarlas, porque después es muy interesante comprobar qué efecto tienen.

¿Escuchás música actual de lo que circula en los medios y en el mainstream?

La verdad es que escucho poco, pero escucho poca música en general porque estoy todo el día con la música. Ensayo, doy clases, trabajo varias horas con una orquesta y vuelvo a casa. No necesariamente voy a ponerme a escuchar música otra vez.

Una de las desventajas de ser músico profesional es que ya no podés ser tan fácilmente un músico amateur. Cuando voy a un concierto no puedo escuchar como una persona del público común. Inevitablemente estoy prestando atención a otras cosas.

En mis ratos libres prefiero hacer otras actividades, como jugar al ajedrez, ir al gimnasio o caminar. Y si puedo hacer otra cosa, muchas veces prefiero el silencio. Cuando escucho música, generalmente vuelvo a cosas que ya sé que me gustan y que me formaron. Soy bastante ecléctico: puedo escuchar música clásica, los Beatles, folklore o jazz.

Y si tuvieras que elegir hoy una banda sonora para tu vida ¿Cuál sería?

Es muy difícil porque hay momentos de la vida que funcionan como mojones y quedan asociados a determinadas obras.

Cuando tenía alrededor de veinte años fui a ver una obra en el Teatro San Martín y, en un momento, sentí un escalofrío y se me llenaron los ojos de lágrimas. Me gustaría incluso recordar exactamente qué obra era. Y hubo otro momento en el que pensé: “Soy músico”. Estaba estudiando en Estados Unidos y me dieron para dirigir la Quinta Sinfonía de Mahler. La obra tiene el famoso Adagietto, que aparece en Muerte en Venecia. Cuando estudié la partitura, sin siquiera escucharla, empecé a emocionarme. Como director tenés lo que se llama oído interno: ves una partitura y sabés cómo suena. Me imaginaba cómo sonaba la obra mientras miraba la partitura y me emocioné muchísimo. Así que podría ser el Adagietto de Mahler. Pero Bach siempre me hace muy bien. Y también me gustan muchísimo los Beatles. Depende del momento del día.

Sergio Feferovich en Tandil

«La Música de las Ideas» se presentará el 10 de octubre en Tandil, como parte de la gira que durante 2026 continúa recorriendo distintas ciudades.

El espectáculo propone una combinación de música en vivo, humor, historias, participación del público y divulgación musical. La propuesta incluye además momentos de participación colectiva, juegos, canciones y la formación de un coro durante la propia función.

Entradas anticipadas por Entradaweb: https://www.entradaweb.com.ar/evento/7194ff7c/step/1

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