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Cómo registrar una canción en SADAIC y cobrar derechos de autor

Conocé cómo declarar una obra en SADAIC, qué documentación necesitás y por qué este trámite es clave para cobrar derechos de autor por tus canciones.

Después de crear una canción y protegerla en la DNDA, llega otro paso fundamental. Se trata de declararla en SADAIC. Muchos artistas descubren su importancia demasiado tarde. Sin ese trámite, una obra puede sonar en escenarios, radios o plataformas digitales sin que su autor perciba los derechos que le corresponden.

Hay una idea que suele repetirse entre músicos independientes: «Si mi canción ya está en Spotify, ya está registrada«. La realidad es bastante diferente.

Publicar una obra en una plataforma digital no significa que el autor pueda cobrar automáticamente los derechos que genera. Para eso existe SADAIC. Una entidad que desde hace décadas administra los derechos de autor de miles de compositores argentinos dentro y fuera del país.

Si la Dirección Nacional del Derecho de Autor (DNDA) certifica quién creó una obra, SADAIC cumple otra función: recaudar y distribuir el dinero que esa canción genera cada vez que es utilizada públicamente.

Dos organismos, dos funciones diferentes

Es habitual que quienes comienzan a grabar música confundan la DNDA con SADAIC. Sin embargo, ambos organismos cumplen roles completamente distintos.

La DNDA protege la autoría de una obra y deja constancia de su existencia.

SADAIC, en cambio, administra los derechos económicos derivados del uso de esa creación. Es decir, recauda los importes generados cuando una canción suena en una radio, un canal de televisión, un recital, un teatro, un bar o una plataforma digital con la que mantiene convenios.

Por ese motivo, el orden de los trámites no puede invertirse. Primero se registra la obra en la DNDA. Después se declara en SADAIC.

El momento en que una canción empieza a formar parte del sistema

Declarar una obra en SADAIC es un trámite gratuito. Sin embargo, requiere reunir una serie de documentos que acrediten la autoría y permitan identificar correctamente la composición.

El elemento central del expediente es el «Boletín de Declaración«, donde se incorporan los datos de los autores y compositores, la partitura con su melodía y cifrado, y la letra completa cuando la obra la posee.

A esa documentación se suman las copias de los DNI de todos los participantes, el comprobante del trámite realizado previamente en la DNDA y un archivo de audio en formato MP3.

Una gestión que también evolucionó

Durante muchos años, buena parte de estos trámites se realizaban de manera presencial o mediante plataformas externas para el envío de archivos.

En la actualidad, SADAIC cuenta con una aplicación web específica para la carga de obras. El sistema permite presentar la documentación de forma remota y agilizar el proceso de validación.

Una vez enviada toda la información, la entidad revisa la documentación y confirma su recepción. El plazo habitual ronda los cinco días hábiles.

Mucho más que cobrar una regalía

Pensar en SADAIC únicamente como una entidad que paga derechos de autor es quedarse con una parte de la historia.

Registrar una obra significa incorporarla a un sistema de administración que seguirá funcionando durante toda la vida del autor. Incluso después de su fallecimiento, los derechos patrimoniales continúan beneficiando a sus herederos durante el plazo establecido por la legislación argentina.

En un escenario donde la música circula entre recitales, radios, televisión y plataformas digitales, esa administración se vuelve cada vez más importante para quienes viven de sus canciones.

Cuando una obra deja de ser solo una canción

Toda composición nace en un ensayo, una habitación o un estudio casero. Durante un tiempo pertenece únicamente a quien la escribió. Pero cuando comienza a sonar en espacios públicos, esa creación también empieza a generar valor económico.

Es allí donde aparece SADAIC.

No reemplaza la inspiración ni garantiza el éxito. Tampoco convierte una canción en un éxito de un día para otro. Lo que hace es algo más simple y, al mismo tiempo, esencial: procurar que cada vez que una obra genere ingresos, esos derechos lleguen a quienes realmente la crearon.

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Ezequiel Calvo
Heredero de una dinastía periodística, su bisabuelo y su abuelo fueron directores de El Eco de Tandil, tradicional diario en el que también trabajó su padre. Creció inmerso en un entorno donde la palabra, la noticia y la cultura eran parte de la vida cotidiana. Desde joven se vinculó con los medios, la escritura y la música. Es músico y compositor en la banda de electropop Blop!, responsable de relaciones públicas y curador musical en la revista Aquí Música, y productor en AqM Produce, agencia dedicada a la promoción y el desarrollo artístico.

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