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Hobo Noise: despertar entre ruinas, sintetizadores y una voz que recién aprende a existir

hobo noise

Hay dos palabras que describen a la perfección este lanzamiento: poderosamente atractivo. Porque detrás de esa voz rasposa, casi rockera de Hobo Noise, aparece un universo electrónico hipnótico que recuerda por momentos a la oscuridad pop de Billie Eilish en «Bad Guy«. Hay algo magnético en estas canciones: te empujan a bailar mientras, al mismo tiempo, parecen confesarte algo al oído. Beats fríos, sintetizadores envolventes y una sensibilidad profundamente humana conviven en un EP que encuentra belleza justamente en la fragilidad.

Lo interesante es cómo logra equilibrar mundos aparentemente opuestos. La crudeza emocional del rock alternativo se mezcla con una producción electrónica elegante, minimalista y nocturna. No busca explotar en un estribillo gigante; prefiere envolverte lentamente, como esas canciones que empiezan pequeñas y terminan viviendo varios días dentro de la cabeza.

«I woke up» es el nuevo EP del artista, dos canciones y no necesita más que eso para mostrar su versatilidad y musicalidad. Editado también en vinilo, parece pertenecer a esos trabajos donde la fragilidad no se esconde, sino que se convierte en lenguaje.

El artista detrás del proyecto cuenta que es la primera vez en su vida que utiliza su propia voz dentro de su música (a pesar de que su voz denota oficio y calidad). Y ahí aparece uno de los núcleos más interesantes del lanzamiento: no se presenta como cantante, sino como productor explorando la voz como si fuera otro sintetizador, otra textura electrónica, otro cable suelto dentro del laboratorio emocional: “Siempre fui productor antes que cantante”, explica. “Todavía no me veo realmente como un cantante”.

La frase funciona casi como una declaración estética: acá no hay virtuosismo vocal ni pose de frontman clásico. Hay búsqueda. Hay intuición. Hay alguien grabando ideas en soledad y descubriendo que la voz humana también puede romperse, modularse y respirarse como una máquina sensible.

Musicalmente, el EP dialoga con universos sonoros que remiten a Röyksopp, Björk, Gorillaz e incluso ciertos climas melancólicos y emotivos de Coldplay. Electrónica emocional, pop introspectivo y sensibilidad nocturna conviven en canciones que parecen escritas después de una fiesta demasiado larga o de una madrugada demasiado silenciosa.

Las dos composiciones originales del EP abordan temas como la supervivencia emocional, las adicciones, el vacío posterior a los excesos y esa sensación extraña de llegar a los treinta años todavía de pie, aunque internamente todo haya cambiado. El tema que da nombre al lanzamiento, funciona casi como un mantra íntimo: una especie de despertar lento después del caos.

En cambio, «Fucky shitty addicity» se mueve desde otro lugar. Más cruda, más impulsiva, más incómoda. Como un pensamiento obsesivo repitiéndose a las cuatro de la mañana mientras la cabeza se niega a apagarse. El título ya marca el tono: no busca elegancia, busca honestidad.

“I WOKE UP” parece hablar justamente de eso: del momento en que alguien deja de sobrevivir y empieza —lentamente— a aprender a vivir otra vez. No desde la épica, sino desde algo mucho más pequeño y humano. Más parecido a respirar tranquilo después de mucho tiempo.

El tercer track del EP es una reinterpretación de “The Lake”, canción original de Fever Ray, un proyecto fundamental para entender la dimensión estética del lanzamiento. La influencia aparece especialmente en el tratamiento extraño, íntimo y emocional de las voces.

La versión incluida en I WOKE UP mantiene el espíritu del original, aunque según el propio artista tiene un tono algo más liviano y menos opresivo. La modificación más significativa ocurre en una línea puntual: “I’ve been a good girl” pasa a convertirse en “I’ve been a good boy”.

Lejos de intentar reescribir la canción desde otra perspectiva, el cambio funciona como una apropiación emocional. Una manera de habitar el tema desde el propio cuerpo, desde la propia vulnerabilidad. Hay algo ambiguo en esa frase; algo levemente erótico, extraño y delicado al mismo tiempo.

Y quizá ahí está el corazón completo del EP: en esa idea de despertar hacia uno mismo. De mirarse después de años de ruido y empezar a entender quién aparece del otro lado del espejo.

I WOKE UP no suena como un debut tradicional. Suena más bien como un diario íntimo conectado a una consola analógica. Un disco pequeño en duración, pero enorme en honestidad. Como si alguien hubiese encontrado, finalmente, una forma de hablar después de mucho tiempo usando solamente máquinas.

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