El proyecto impulsado por Víctor Hermida construye un universo de melancolía digital, identidad fragmentada y canciones que convierten la ansiedad cotidiana en paisaje sonoro.
Supermeganada es una de las propuestas más particulares surgidos en Barcelona dentro del indie experimental y el pop alternativo de la última década. Impulsado por Víctor Hermida, artista actualmente afincado en Lugo, el proyecto fue desarrollándose como una especie de archivo emocional en permanente transformación: un espacio donde conviven canciones sobre ansiedad cotidiana, identidad, contradicción, ciudad, aislamiento y la sensación persistente de no terminar de pertenecer del todo a ningún sitio.
Las primeras publicaciones aparecieron casi de forma accidental, con melodías frágiles, estructuras imprevisibles y letras atravesadas por preguntas existenciales formuladas desde escenas mínimas y cotidianas. Había canciones sobre caminar solo por la ciudad pensando demasiado, no saber qué hacer con la propia vida o intentar entender emociones complejas mientras el mundo seguía funcionando con normalidad alrededor.
Canciones para habitar la incertidumbre
Aquellas primeras composiciones tenían algo extrañamente cercano. Sonaban ingenuas, nerviosas y filosóficas al mismo tiempo, como si alguien estuviera intentando ordenar pensamientos demasiado complejos utilizando herramientas todavía imperfectas. Entre el humor absurdo, la sensibilidad urbana y cierta melancolía generacional, Supermeganada empezó a construir una identidad donde la fragilidad nunca aparecía como pose estética, sino como parte central de su lenguaje.
Entre la melancolía digital y el indie experimental
Lejos de responder a una escena concreta o a una identidad estilística fija, el proyecto atravesó mutaciones constantes. Las canciones comenzaron moviéndose entre la canción alternativa, el pop experimental y ciertos márgenes del indie introspectivo, aunque con el tiempo fueron incorporando elementos electrónicos, capas digitales y referencias más cercanas a distintos lenguajes contemporáneos.
Una evolución sin ruptura
Durante algunos años, Supermeganada atravesó una etapa de mayor exposición y una aproximación más visible a códigos reconocibles dentro del pop alternativo y ciertas escenas urbanas contemporáneas. Algunas publicaciones empezaron a circular más allá del entorno local y ampliaron el alcance del proyecto, aunque esa expansión también dejó ver una tensión constante entre espontaneidad y estrategia, entre exploración personal y la búsqueda de un lenguaje más estandarizado.
La fragilidad como identidad
Sin embargo, incluso en sus etapas más cambiantes, el núcleo emocional siguió siendo reconocible. Las canciones continuaban girando alrededor de las mismas obsesiones: el desgaste psicológico, la dificultad de sostener una identidad estable, la necesidad de conexión y la sensación de vivir siempre ligeramente desplazado respecto al entorno.
Musicalmente, Supermeganada nunca terminó de asentarse del todo en un único territorio. Desde el caos melódico y emocional de sus primeras etapas hasta momentos más digitales, saturados o explosivos, el proyecto fue construyendo una trayectoria donde cada cambio de sonido parecía funcionar más como una mutación natural que como una ruptura deliberada.
Con el paso de los años, las publicaciones más recientes fueron abandonando progresivamente la necesidad de responder a tendencias concretas o de encajar dentro de escenas fácilmente reconocibles. En ese proceso, el proyecto recuperó parte de la fragilidad y el carácter observacional de sus primeros trabajos, aunque desde una perspectiva más consciente del desgaste, el tiempo y las contradicciones acumuladas durante el recorrido.
Más que una banda tradicional o una narrativa lineal de evolución artística, Supermeganada parece funcionar como un proceso continuo de revisión, conflicto y reconstrucción personal. Distintas versiones de una misma voz conviven dentro del proyecto sin terminar de resolverse completamente entre sí.
Canciones para quienes no terminan de encajar
A día de hoy, Supermeganada continúa desarrollándose como una propuesta difícil de etiquetar, situada en algún punto entre la electrónica emocional, el indie experimental, la canción alternativa y el diario íntimo generacional. Más que perseguir una identidad fija, el proyecto parece interesado en documentar precisamente la imposibilidad de mantener una sola.





