Inicio Entrevistas Bernardo Pérez: de los tangos de la infancia a la canción que...

Bernardo Pérez: de los tangos de la infancia a la canción que imagina para el año 2126

El músico tandilense repasa su infancia entre asados y María Elena Walsh, su adolescencia marcada por el rock, las aventuras de La Forestal y los proyectos que hoy lo mantienen en permanente búsqueda artística.

El músico tandilense repasa su infancia entre asados tangos y María Elena Walsh, su adolescencia marcada por el rock, las aventuras de La Forestal y los proyectos que hoy lo mantienen en permanente búsqueda artística.

La infancia: los domingos, el humo del asado y las primeras canciones

La historia musical de Bernardo Pérez comienza mucho antes de los escenarios. Empieza en los patios familiares, en los asados de los domingos y en una casa donde la música era parte natural de la vida. «Íbamos temprano, a las diez, diez y media, mientras se hacía el olor a leña y a cordero o a cerdo. Siempre había algún animal en las brasas«, recuerda. Aquellos encuentros familiares tenían una banda sonora propia. Un tío tocaba la guitarra, otro cantaba tangos y el pequeño Bernardo observaba fascinado: «Me quedaba volando la cabeza cuando mi tío tocaba la guitarra y el otro cantaba

Fue allí donde escuchó por primera vez clásicos como «Las cuarenta», «Gira Gira» y «Sur», canciones que dejaron una huella profunda en su sensibilidad. Más tarde, en el viejo combinado de su tío Arnaldo, descubriría a Aníbal Troilo: «Los bajos, cómo sonaban. Esa profundidad… Creo que de ahí debo haber salido medio tanguero.«

Pero la música de su infancia también tuvo un costado lúdico y poético. En su casa sonaban los discos de María Elena Walsh. «Estaban esos hitazos de ‘Manuelita’ y ‘Mambrú se fue a la guerra’. Me acuerdo hasta del libro que acompañaba el disco. Tenía un olor particular a tinta. Era exquisito.«

Entre el humo del asado, el perfume de los libros y las guitarras familiares, comenzó a formarse el universo musical de quien años más tarde se convertiría en una de las voces más reconocidas de la escena local.

La adolescencia: el rock, la primera guitarra y el descubrimiento de un camino

La adolescencia llegó con nuevas obsesiones. El rock progresivo irrumpió con fuerza y bandas como Deep Purple y Pink Floyd le abrieron una nueva puerta: «Nos queríamos diferenciar de todo lo que sonaba en aquella época, de Palito Ortega y del Club del Clan, y con el tiempo nos dimos cuenta de que, en el fondo, terminamos pareciéndonos bastante a ellos.» (risas)

La guitarra apareció gracias a su hermano Javier. Bernardo lo observaba tocar y, casi sin darse cuenta, aprendía: «Todo lo que se hace con las manos tengo una facilidad enorme para aprenderlo viéndolo.» Hasta que un día, cansado de tenerlo siempre mirando por encima del hombro, su hermano le entregó el instrumento: «Tomá la guitarra y andá a estudiar vos.«

Su maestro sería Eduardo Tolosa, una figura fundamental en su formación. «Cuando me vio tocar me preguntó de dónde había sacado todo eso.» La primera guitarra propia fue una Casa Núñez modelo C de estudio. «Era una guitarra fea, muy fea«, dice entre risas. Pero fue con ella que aprendió la disciplina del estudio y descubrió que la música ya no sería solo un pasatiempo. Las grandes guitarras llegarían mucho después.

«Nunca tuve una guitarra buena de joven. La Takamine la compré ya de grande.» Durante años tocó con instrumentos prestados y aprendió que las mejores historias también pueden nacer de los llamados «cajones de fruta«.

La Forestal: un colectivo amarillo y la aventura de salir a la ruta

Hablar de La Forestal es hablar de amistad, canciones y de una de las grandes aventuras de su vida. Los primeros temas propios comenzaron a aparecer y el grupo fue tomando forma hasta embarcarse en una travesía que todavía hoy parece increíble. Compraron un viejo colectivo Bedford modelo 64, lo pintaron de amarillo y se lanzaron a recorrer el norte argentino. «Eso fue un viaje, pero un viaje de verdad.«

Las anécdotas se suceden una detrás de otra. El colectivo tenía más sueños que papeles en regla y más entusiasmo que mecánica. Para evitar multas, el grupo apelaba a su mejor recurso. «Nos bajábamos y les tocábamos una chamarrita a los policías camineros. Después les regalábamos un cassette.» Ese cassette era «Sembrando América«, el primer trabajo discográfico de La Forestal. La banda llegó hasta Misiones, tocó en plazas, conoció nuevas músicas y sobrevivió gracias a las canciones.

La aventura incluso tuvo un capítulo cinematográfico cuando el Bedford se deslizó sin frenos por una empinada calle de Posadas y terminó incrustado contra un árbol, luego de arrasar un automóvil. «Lo mirábamos y pensábamos que terminaba en un naufragio.» Todavía hoy Bernardo sueña con convertir aquella experiencia en una obra. «Tengo pendiente hacer algo que se llame ‘El viaje‘». Porque, para él, aquel recorrido fue mucho más que una gira: fue una escuela de vida.

El Bar Ideal: un refugio para la bohemia

Si hay un lugar que ocupa un sitio especial en la memoria de los músicos tandilenses, ese es el viejo Bar Ideal. Para Bernardo fue mucho más que un café. «Era un amparo, un alivio para el alma.«

Allí terminaban las noches interminables de adolescencia. El grupo se quedaba hasta el amanecer, compartiendo un café o un submarino cuando había dinero, y simplemente conversando cuando no lo había. Por sus mesas pasaron músicos, escritores, pintores y personajes inolvidables de la ciudad: «Conocí gente alucinante. El tiempo transcurría de otra manera.» Aquellas madrugadas también fueron parte de su formación.

El presente: la búsqueda permanente

Lejos de instalarse en la nostalgia, Bernardo continúa creando. Actualmente integra el dúo Lo que PerDure junto a Claudio Duré, trabaja en otro proyecto con Diego Doui y prepara nuevas canciones con La Pereztroika.

También impulsa el ciclo El Puente, un espacio dedicado a la historia de la música popular y a la construcción de la identidad cultural: «Cuando te dejan sin historia, te llevan puesto.«

Además, trabaja en la musicalización de textos de Borges y del poeta cubano Nicolás Guillén: «Siempre estoy en la búsqueda. Me parece que eso es lo más valioso.«

Cuando ya no esté: la canción que todavía no existe

La última pregunta de la entrevista apuntó al futuro.

Si dentro de cien años alguien se encontrara con su obra y quisiera descubrir quién fue Bernardo Pérez, ¿con qué canción le gustaría ser recordado?

La respuesta, una vez más, llegó en forma de reflexión. «No podría obviar el reconocimiento y lo que ha gustado ‘Milonga pa’l Rengo’, pero quizá dejar ese tema para descubrirme en el 2126 confunda.» Y entonces apareció una idea: «Mejor hagamos así: ahora debo componer un tema para cuando alguien, anda a saber quién, sepa algo del finadito Berni en ese entonces. Por lo pronto, el nombre ‘2126’ me gusta.«

Quizá esa canción todavía no exista. Quizá todavía esté escondida entre los recuerdos de un domingo de asado, en el sonido de una vieja guitarra o en alguna historia pendiente de contar.

Pero si algo deja en claro Bernardo Pérez es que la búsqueda continúa. Y mientras haya una nueva canción por escribir, el viaje seguirá su curso.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí