Inicio Opinión Música de culto: ¿Una etiqueta para esconder el fracaso?

Música de culto: ¿Una etiqueta para esconder el fracaso?

La mascara es la etiqueta detrás de la cual algunos músicos se refugian para no enfrentar ciertas preguntas sobre su proyecto artístico

La expresión «música de culto» suele utilizarse para definir a artistas que, sin alcanzar el éxito masivo, logran construir una pequeña comunidad de seguidores fieles y apasionados y, al mismo tiempo, reciben el reconocimiento y la legitimación de la crítica especializada. Pero, en algunos casos, me pregunto si esa etiqueta no termina convirtiéndose en un refugio cómodo para quienes nunca se animaron a salir de su zona de confort.

Recorriendo redes sociales y perfiles de Spotify, encuentro artistas con diez oyentes mensuales (o ninguno), menos de quinientos seguidores en Instagram y publicaciones que anuncian que «se vienen cositas» o que habrá «nueva musiquita«. Todo en diminutivo, como si hasta las expectativas debieran reducirse. Luego uno asiste a sus shows y descubre bares con tres mesas ocupadas, dos de ellas por amigos o por dos borrachos amnésicos que apenas recuerdan qué fueron a ver.

Antes de seguir, vale una aclaración. El fracaso en la música no es no llenar estadios y el éxito tampoco es convertirse en un artista masivo. Para muchos músicos, el verdadero éxito consiste en poder hacer lo que aman y vivir de ello: viajar gracias a una canción, conseguir contrataciones, sumar alumnos, abrir puertas a nuevos proyectos o simplemente tocar sin tener que pagar por un escenario. Tampoco hay nada de malo en hacer música como un hobby, pero ese es otro tema. De lo que hablo aquí es de aquellos proyectos que dicen querer crecer y, sin embargo, parecen resignarse a permanecer siempre en el mismo círculo de amigos, familiares y habitués de la barra.

Entonces surge la pregunta inevitable: ¿Son artistas de culto o artistas que se esconden detrás de una etiqueta para justificar la falta de trascendencia?

En mi ciudad, Tandil, muchos de estos proyectos se mueven desde hace años en círculos cerrados y, a veces, excesivamente elitistas. Se entrevistan entre ellos, se recomiendan entre ellos y se celebran entre ellos, aunque muchas veces no logren convocar más gente de la que cabe en un ascensor.

¿Por qué no intentar otro camino? ¿Por qué invertir tiempo y dinero en grabar discos, comprar instrumentos y producir contenidos, pero no dedicar esfuerzos al marketing, a la prensa o a construir una audiencia más amplia? Tengo la sensación de que algunos músicos le tienen miedo al fracaso, pero también al éxito. Prefieren refugiarse en la idea romántica de ser «de culto» antes que exponerse a la posibilidad de trascender.

Y aquí aparece otro gran mito: creer que el marketing es algo opuesto al arte. ¿Acaso Daniel Melero, Luis Alberto Spinetta o Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota llegaron a donde llegaron por pura casualidad? ¿No hubo detrás de sus carreras una construcción estética, una estrategia de comunicación y una narrativa cuidadosamente elaborada?

Tomemos un caso paradigmático: The Velvet Underground, considerados uno de los mayores exponentes de la música de culto. Fueron apadrinados por Andy Warhol, el artista más influyente de la escena pop de su tiempo, quien diseñó la icónica tapa de la banana y convirtió al grupo en un fenómeno artístico y mediático. Había una propuesta genuina, sí, pero también una estrategia de posicionamiento.

La música de culto existe y ha dado obras extraordinarias. El problema aparece cuando la etiqueta deja de describir un fenómeno artístico y se convierte en una excusa. Porque ser de culto no debería significar resignarse a la invisibilidad, ni mucho menos despreciar las herramientas que permiten que una obra encuentre nuevos oyentes.

Tal vez la verdadera pregunta no sea si un artista es o no de culto. La pregunta es otra: ¿está construyendo una comunidad auténtica alrededor de su música o simplemente está usando la palabra «culto» para no admitir que nunca salió a buscar al público?

El arte no fracasa por intentar llegar a más gente; fracasa cuando se conforma con ser escuchado únicamente por quienes ya lo conocen.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí