En la frontera entre lo audible y lo invisible, Leonardo Gabriel García construye un universo donde el sonido se transforma en materia, espacio y pensamiento. Su recorrido atraviesa la música electrónica, la experimentación y la exploración de nuevas dimensiones sonoras, en una búsqueda que desafía las formas establecidas y reivindica la libertad de crear sin mapas ni fórmulas. Cada pieza abre una puerta hacia territorios donde la música deja de ser solamente algo que se escucha para convertirse en una experiencia que se habita. En los Premios AqM a la Música Independiente 2026, está nominado en la categoría Proyecto Experimental / Electrónica / Ambient por «The moon has told me«.
¿Cómo fue evolucionando el proyecto desde sus comienzos hasta llegar a la identidad y el sonido que tiene hoy? ¿Qué cambios o experiencias fueron determinantes en ese recorrido?
El proyecto nació como nacen la mayoría: tocando la guitarra, componiendo y encerrándose a grabar. No hubo una fórmula mágica ni una bajada conceptual de entrada; hubo años de hacer música en el estudio de manera completamente independiente, explorando más de 14 géneros diferentes a lo largo de 40 álbumes. Ese recorrido de producción continua fue la escuela real. Grabar, arreglar, mezclar y publicar de forma constante da un oficio que no se aprende en la teoría: te enseña a entender el audio, la dinámica de un tema y a no tenerle miedo a ningún estilo. Con el tiempo, toda esa gimnasia acumulada fue mutando de forma natural hacia búsquedas más específicas. Lo que empezó en la composición de canciones y la producción de géneros tradicionales fue derivando hacia el terreno de la música experimental, la investigación del sonido inmersivo, el trabajo con el entorno y las herramientas digitales de la etapa actual. Llegar a está nominación en los Premios AqM 2026 con «The moon has told me» no es más que el resultado de esa caminata. Es la consecuencia de tener miles de horas de estudio encima y volcar todo ese oficio acumulado en una obra que se sostiene sola.
¿Qué experiencias, ideas o estados buscás explorar a través de tus piezas musicales y qué te impulsa a seguir investigando nuevas posibilidades sonoras?
Actualmente busco expresar la construcción de una arquitectura sonora propia: crear piezas que no sean un simple fondo o un clima estático, sino obras con tensión, narrativa y carácter. En está etapa, el foco está en el contraste y en cómo hacer convivir las texturas envolventes con elementos estructurados —como el quiebre vocal y la rima que aparecen en la segunda sección de «The moon has told me»— para darle dinamismo y una dirección clara al audio. Lo que me moviliza como artista es la autonomía absoluta y el rigor del oficio. No depender de permisos, comités ni validaciones externas para producir y publicar. Me mueve el desafío técnico y creativo de sentarme a resolver una idea con cabeza de arquitecto: cuidar la dinámica, la firma del sonido, la espacialidad y lograr que la música tenga identidad propia. En definitiva, la movilización pasa por empujar el trabajo independiente al mayor nivel de exigencia posible y dejar que la obra hable por sí sola.
Cuando mirás hacia el horizonte de tu búsqueda artística, ¿Qué nuevos territorios sonoros te gustaría explorar y qué caminos sentís que todavía quedan por descubrir?
El proyecto no se detiene en una nominación; la estrategia es mantener el acelerador a fondo. Proyectos inmediatos El foco está en la continuidad del calendario de lanzamientos, empezando por el próximo estreno de este 20. A nivel técnico, sigo profundizando la investigación en audio inmersivo, sonido binaural y la integración de herramientas digitales en la composición para expandir las fronteras del catálogo sin perder la firma sonora. Objetivos Consolidar la infraestructura global de la obra. El objetivo es que cada track producido desde Victoria tenga la máxima trazabilidad digital, registros internacionales al día y una indexación directa en las plataformas globales. No se trata de buscar espacios en circuitos tradicionales, sino de garantizar que el catálogo circule de forma libre y automatizada por peso propio. Convicción a futuro Más que «sueños» abstractos, lo que hay son metas de ejecución: demostrar que con autonomía absoluta, rigor en el estudio y disciplina de trabajo se puede construir una obra de alcance internacional que no le debe nada a nadie. El plan es simple: seguir produciendo con el estándar más alto posible, hacer que la música hable por sí sola y dejar un antecedente inamovible de lo que significa la verdadera independencia artística.
Desde tu experiencia, ¿Qué obstáculos resultan más difíciles de resolver para sostener y hacer crecer un proyecto musical independiente?
El principal desafío que enfrentan hoy los proyectos independientes no es la falta de talento ni de tecnología, sino la trampa del circuito cerrado y la dependencia de la pauta pública. Durante años se construyó un ecosistema donde para existir tenés que encajar en la rosca local, aceptar la bajada de línea ideológica de turno o formar parte del grupo de amigos que se valida y se entrega diplomas entre sí. El problema es que esa dinámica destruye la búsqueda artística real: en lugar de exigir excelencia técnica, producción rigurosa y valor de mercado o de catálogo, premia la obediencia, la pertenencia política y la palmadita en la espalda. Ese «círculo de auto-validación» opera con puertas cerradas para todo el que trabaja con autonomía.
Si no dependés de la caja de un municipio, de un subsidio estatal o de las simpatías de un comité cultural, la primera respuesta del entorno es el ninguneo o la frialdad. Se armaron estructuras donde los mismos tres o cuatro de siempre deciden quién suena, quién programa y quién es «representativo», mientras la música real sucede afuera de sus despachos. Sostener una carrera independiente en serio exige romper ese chip. El desafío real es construir una infraestructura propia que no le deba nada a la política ni al amiguismo. Cuando tenés tus registros internacionales en regla, controlás la producción de principio a fin y usás la tecnología y las plataformas globales para distribuir tu obra, la rosca local deja de ser un obstáculo y pasa a ser un decorado irrelevante. La verdadera independencia cuesta más cara al principio, pero es la única que te garantiza que la obra sea tuya y que el tiempo no te borre.
Para quienes todavía no conocen tu proyecto, ¿Qué pieza o lanzamiento les recomendarías escuchar como primera aproximación a tu universo sonoro y por qué?
Para entrar al proyecto sin rodeos, la recomendación se divide entre el impacto actual y la diversidad de un catálogo sostenido por 40 álbumes y más de 14 géneros:
1. La puerta de entrada directa: «The moon has told me» Es la carta de presentación actual y el tema nominado en los Premios AqM 2026. Arranca con una atmósfera envolvente, pero el quiebre real ocurre en la parte B con la entrada de la voz femenina y la rima, dándole una narrativa, tensión y estructura clara al track. Es la síntesis de la madurez de estudio de este momento.
2. Las distintas puertas al catálogo Según la búsqueda de cada oyente, el universo musical tiene frentes bien definidos para explorar: Indie Rock y Canción: Temas muy interesantes como «Today seems yesterday», «Atardeceres» o «We can do», que muestran el costado melódico, la estructura de canción y el desarrollo del indie rock dentro del proyecto. Rock Instrumental y Baladas: Piezas como «Love matters», donde la guitarra, el clima instrumental y la producción de estudio tradicional toman el centro de la escena. Audio Espacial, Ambient y Downtempo: El álbum Slow Motion, una obra de ambient y downtempo instrumental diseñada y mezclada en Dolby Atmos, Binaural, Surround 5.1 y Stereo, enfocada en la tridimensionalidad del sonido. Ecología Acústica y Territorio: Paisajes sonoros Humedales e Islas Victoria Entre Rios RUM, centrado en el registro documental y la conservación sonora del humedal en alta resolución (24-bit/96kHz).
«The moon has told me» es el gancho para ver el presente; el rock, el ambient inmersivo, los registros del humedal y los 40 discos de catálogo son la prueba de que hay décadas de oficio respaldando cada frecuencia.
Ahora te dejamos este espacio abierto para que compartas lo que quieras con la comunidad de Aquí Música: una reflexión, un mensaje, una idea o algo que te gustaría transmitir sobre tu proyecto y tu recorrido artístico.
Quiero agradecer y celebrar que existan propuestas como Aquí Música. En un panorama donde el circuito cultural tradicional suele estar viciado por el amiguismo, la dependencia de la pauta pública y la autovalidación entre comités que se premian a sí mismos, que aparezca una plataforma independiente dispuesta a registrar, difundir y medir la música por su valor real y por su factura técnica es fundamental. La creación de estos premios marca un precedente claro: construyen un archivo histórico documental desde este Año Cero, donde lo que importa es el peso de la obra y no la pertenencia a una rosca ni el favor político.
A los músicos y creadores que forman parte de está comunidad quiero decirles algo directo: dejen de pedir permiso. Durante años nos hicieron creer que para existir artísticamente hay que esperar el aval de una secretaría de cultura, la caja de un municipio o la palmada en la espalda de un jurado a dedo. La verdadera independencia no se negocia ni se mendiga, se ejerce. El camino real pasa por profesionalizarse, dominar la producción de punta a punta, registrar cada obra con sus metadatos internacionales (ISRCs, BMI, CAPIF), cuidar la ingeniería de audio y construir una infraestructura propia que ningún funcionario o burócrata de turno te pueda quitar. Hoy la tecnología nos da la libertad absoluta de competir al más alto level desde cualquier punto del mapa.
Desde Victoria, Entre Ríos, demostré que se pueden producir 40 álbumes navegando más de 14 géneros, desarrollar investigación de ecología acústica a 24-bit/96kHz en Paisajes sonoros Humedales e Islas Victoria Entre Rios RUM, mezclar obras inmersivas en Dolby Atmos y Audio Binaural como el álbum Slow Motion, o publicar canciones de indie rock y rock instrumental sin depender de ningún sello ni estructura estatal. Los intermediarios ya no tienen el control del acceso; hoy el único filtro real es la disciplina, la exigencia técnica y la capacidad de trabajo. Estar nominado en los Premios AqM 2026 con «The moon has told me» tiene un valor enorme. Es la validación directa de que cuando la obra está hecha con rigor, profesionalismo y sin concesiones, el reconocimiento llega por peso propio. Que una plataforma independiente con este criterio ponga el ojo en este trabajo es un hito clave en mi carrera y una confirmación de que la autonomía da sus frutos. Es un orgullo formar parte de este Año Cero, y el compromiso con la comunidad de Aquí Música es seguir honrando este espacio con lo que mejor sé hacer: más producción, más innovación y la vara técnica siempre en lo más alto.
Una reflexión personal
En la obra y en las palabras de Leonardo Gabriel García encuentro algo que no siempre abunda: madurez, experiencia y, sobre todo, ganas de seguir explorando sin caer en un idealismo ingenuo. Hay verdades incómodas en su mirada sobre la música y sus circuitos, afirmaciones que pueden generar diferencias, porque todo depende también del lugar desde donde se mire. Pero, desde mi perspectiva, muchas de sus observaciones describen una realidad que merece ser discutida.
Su trabajo me parece recomendable, no solo por la búsqueda sonora y el oficio que lo sostienen, sino también porque representa una forma de entender la música que, a mi juicio, suele quedar relegada en muchos eventos y reconocimientos: la experimentación, la investigación y la construcción de una obra que no necesita responder a las expectativas del mercado para tener valor.
A veces parece que solo importa el «hit», la canción que funciona rápido, que agrada y que consigue la aprobación inmediata. Y es comprensible que todo músico quiera llegar a la gente, ser escuchado y encontrar una respuesta en su público. El problema aparece cuando ese objetivo se convierte en el único horizonte. Cuando se crea pensando exclusivamente en gustar, existe el riesgo de terminar complaciendo antes que buscando, repitiendo fórmulas en lugar de descubrir una voz propia.
Porque hacer música también debería ser un espacio de libertad, de curiosidad y de disfrute; un lugar donde uno pueda equivocarse, experimentar, incomodar o transitar caminos que no conducen necesariamente al éxito comercial. No toda obra tiene que convertirse en un hit para justificar su existencia.
Quizás la verdadera independencia artística no consista solamente en producir y publicar sin intermediarios, sino también en conservar la libertad de hacer aquello que uno necesita expresar, incluso cuando no es lo que el mundo está esperando escuchar. Y en esa decisión, muchas veces silenciosa, también hay una forma de honestidad.




