En tiempos donde hacer cine independiente en Argentina es casi un acto de resistencia, “La luna de coco” aparece como una obra profundamente colectiva, nacida del entusiasmo, la amistad y una pulsión artística que no negocia su sensibilidad. La ópera prima de Javier Lester ya empezó a girar por las salas y se podrá ver 29 y 30 de marzo en el Espacio Incaa UNICEN (Yrigoyen 662 – Tandil) a las 21.30hs, consolidándose como una de las apuestas más singulares del cine local reciente.

Una historia tan íntima como universal

La película sigue a Coco, un herrero que desarrolla una conexión profunda con la luna. No se trata de locura ni de fantasía desbordada, sino de lo que se conoce como serenofilia: una sensibilidad particular hacia ese cuerpo celeste que, en distintas intensidades, muchas personas experimentan.

Desde una clave de comedia dramática, el film explora algo más humano que fantástico: la dificultad de comprender aquello que no compartimos. ¿Qué pasa cuando alguien siente distinto? ¿Hasta dónde llega la tolerancia frente a lo inexplicable?

Cuando la música no acompaña: protagoniza

Uno de los aspectos más potentes del proyecto es su dimensión musical. La banda tandilense La Pereztroika y los músicos Bernardo José Pérez (guitarra), Mauricio Legory (bajo), Ezequiel Lavayén (piano), Diego Doui (saxo), María Irianni (flauta), Claudio Mauricio Duré (percusión), Alberto Vinsennau (batería), Charo Bogarin (voz en «Corre Coco«), Nico Romaniello (percusión), Federico Greco (cello), Diego Fredes (flauta) con mezcla y mater por Ezequiel Alejandro Lavayén, no solo compusieron la banda sonora, sino que fueron parte del germen mismo de la película.

Ese cruce entre cine y música no se queda en lo sonoro: el proyecto expande su universo con un libro/cuento que incluye códigos QR que llevan directamente a las canciones. Una experiencia que rompe la linealidad clásica del consumo audiovisual y propone algo más cercano a un ecosistema narrativo. En otras palabras: la película se ve, se escucha… y se explora.

Un elenco con identidad local (y resonancia nacional)

El film reúne a un amplio elenco de actores de la escena tandilense, junto con figuras reconocidas como Víctor Laplace, Pepo Sanzano, Adrián Polich, Tito Lanfranqui, Claudia Nobre, Mario Valiente en una combinación que refuerza el carácter híbrido del proyecto: profundamente local, pero con proyección.

A esto se suma la participación de Charo Bogarín, cuya voz da vida a la luna, aportando una dimensión poética y sonora clave dentro del relato.

Con ocho meses de preproducción, tres semanas de rodaje y un largo proceso de postproducción sostenido por colaboraciones, “La luna de coco” es también un testimonio del hacer comunitario. Financiada en parte mediante aportes colectivos y acompañada por instituciones locales, la película se inscribe en una lógica que hoy resulta casi contracultural: crear en red, sostener en conjunto, resistir desde el arte.

Como señala Lester, el proyecto no solo busca contar una historia, sino también afirmar algo más profundo: que el cine (y el arte en general) sigue vivo cuando hay comunidad detrás.

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