El próximo viernes 25 de julio, llega la legendaria banda de metal Asspera, el show será en Club Moreno y Arana (Uriburu 1549 – Tandil), la cita será a las 21hs. y contará con la presencia de Luperca, Rigore y Oíd Mortales en una noche con exceso de pogo. Las entradas anticipadas están a la venta a través de Passline o personalmente en Metal Rock Indumentaria (Sarmiento 849- Tandil).
Conversamos con Richar (cantante de la banda) sobre su llegada nuevamente a la ciudad y su último trabajo de estudio
¿Qué nos depara su visita en la ciudad, con qué nos vamos a encontrar en el show?
Lo nuestro es un poco diferente al sándwich convencional. Tenemos una propuesta mucho más distendida. Tratamos de llevar alegría. Si bien todos los artistas lo intentan, nosotros tenemos la particularidad de que no solo la llevamos, sino que también la buscamos en el público. Siempre lo digo: es muy difícil que un artista te haga reír a carcajadas y llorar también (en algunos momentos), y creo que lo hemos logrado con el paso del tiempo. Se genera esa extraña dicotomía. De pronto ves a la gente toda divertida, en un pogo… Y de pronto, al toque, una canción que habla de cosas más profundas, de situaciones que te llevan a recordar a alguien… y los encontrás llorando. Y decís: ¿Cómo te puede pasar eso con un artista? A muchos no les pasa. A nosotros sí. Y estoy orgulloso de eso.
¿Cómo recordás los primeros show y cómo fue la reacción del público?
Nosotros surgimos en un momento muy particular. Viste que hay determinadas cosas que aparecen en tiempos y lugares específicos. Creo que con Asspera pasó eso dentro del género pesado nacional, y generaba controversia, era lógico.
La mayoría lo entendía, pero siempre hay un grupo de gente que se resiste a algo nuevo. No te digo que fuimos «tendencia«, porque Asspera nunca fue una tendencia. Por suerte, nadie se subió al caballo enfermizo del «metal bizarro«. Viste que cada vez que sale un género, o un subgénero, se empiezan a generar escenas dentro de eso. Pero con Asspera no.
No sé si a los artistas que quisieron hacer algo similar les dio cosa… o quedaron en el camino. Pero fue prácticamente un camino en solitario. Y si me remonto a aquellos primeros recitales, era toda una incertidumbre lo que podía pasar. Siempre con una mirada positiva, claro. Pero la gente estaba como más desaforada… Hasta que, con el paso del tiempo, entendieron perfectamente cómo es la propuesta. Que más allá de ir a divertirse, hay que tener respeto. Hay que cuidar muchas cuestiones también entre el hombre y la mujer. Hay que resguardar, hay que cuidar. Y con el tiempo todo se fue acomodando.
Hoy tenemos un show muy armonioso, va muchísima gente, muchas chicas.
Dijiste «muy en solitario» porque nadie se sumó a su movida, pero siempre estuvieron bien abrazados por el metal
Por supuesto, el público que nos viene a ver, es metalero. Somos metaleros nosotros. El público del heavy metal es el que nos acompaña. Y nuestras canciones también hablan del género como resistencia.
Eso lo utilizan casi todas las bandas. Pero también desde un punto de vista satírico, con una carga de lo que somos nosotros también, ¿no? Eso es interesante, sobre todo porque la mayoría de los artistas casi nunca hacen un «mea culpa«. Muchos quieren mostrar posturas y pensamientos que después, cuando los conocés, no tienen nada que ver. No voy a dar nombres, por supuesto.
Excepto que quieras que se pique…
No, no, no (risas).
¿Tienen alguna opinión formada sobre la nueva camada de artistas?
No, hay que dejarlos ser. Imaginate: yo tengo casi 50 años. Me falta uno. Y en esa época nosotros éramos el «bicho raro«. Escuchabas heavy metal y te miraban, te discriminaban. Todavía pasa, ¿eh?, dentro del género. De hecho, me pasa a mí. Yo me visto así para ir a tocar, para ir al supermercado, en mi vida diaria y siento la mirada, tipo «¿qué onda este?«. Pero considero que hay que dejar ser. Las nuevas tendencias, hay que dejarlas ser. Si no te gusta algo, no lo escuchás. Pero hay gente que todavía vive eso como una guerra, con odio permanente. Y eso no suma. Yo también lo hice, ¿eh? De chico me enseñaron que mi enemigo era The Rolling Stones. Y hoy digo: «¡Boludo, me muero por cruzarme a un pibe con flequillo y remera de Viejas Locas!«
Cuando salió el nu metal, a principios de los 2000, también era «¿qué es esto?«. Y hoy te juro que levanto mi vaso y brindo por ver a un pibe con remera de Limp Bizkit. Estoy hablando de géneros dentro del metal, en serio. Pero siempre hay ortodoxos, a nivel extremo.
Pero yo creo que si no te gusta algo, no lo escuchás. Combatirlo es una pérdida de tiempo. Y es salud mental también. Hay que dejar a los pibes de 15, 16, 17 experimentar y hacer su camino.
Ustedes trabajan con el humor como punto de partida, ¿Cuáles son sus referentes, qué humor consumen?
Ya pasó tanto tiempo que el humor de Asspera también entra dentro de lo absurdo. Imaginate que tenemos 25 años de carrera. Y cada 5 o 10 años cambia algo radicalmente, en todos los aspectos. Y en este país, más. Las redes sociales son increíbles: construyen castillos y los destruyen al mismo tiempo. Y el humor que consumíamos nosotros no tiene nada que ver con el de ahora. Somos muy aliados al humor de Tangalanga, al humor absurdo. También el humor de El Bananero. Muchos decían que éramos «La banda del Bananero«, y salimos casi al mismo tiempo. Lo hemos conocido, es una gran persona. Y con Tangalanga también, era como: «estos son Tangalanga, pero con metal«. Era muy difícil hacer humor en aquel entonces dentro de un género tan solemne como el heavy. Hoy el público está más preparado, más abierto a recibir humor dentro de las canciones. Las redes sociales ayudaron mucho. Tuvimos picos de viralización, mucha gente nos conoció por ahí. El nombre de Asspera está metido en la cultura popular argentina, y eso es un logro extraordinario.
Claro, en mi caso conocí su nombre antes de su música, y después los encontré junto a Cristian Castro
¡Ah! Bueno, Cristian es increíble. El timbre que tiene… el personaje es increíble también. Es fanático del heavy metal. Hemos tenido charlas con él, renombraba bandas que decíamos: «¿Cómo puede ser que las conozca?» Y también colaboramos con Ale Sergi de Miranda!. Nos confesó que era fanático.
Y es inexplicable. Tarja Turunen (ex cantante de Nightwish), también. Cosas inexplicables que nos han pasado, pero la gente entendió la propuesta. Después de tantos años, la entendieron con creces.
Obviamente tenemos nuestros odiadores…
Los ‘haters’ siempre están…
Imaginate: a alguien como Messi, que siempre se mantuvo en el camino positivo, lo odian, ¿Qué pueden decir de nosotros, ¿No? (risas)
Es increíble como los recitales de metal tiene eso de ritual, de comunión…
Sí, es el público más pasional que existe en la Tierra, sin duda. Es una experiencia única, incomparable. Hay mucho respeto también, mucho más de lo que la gente imagina. Y una estética que, si bien sigue presente, también se fue amoldando a algo más natural. Ya no necesitás una tacha gigante para demostrar que te gusta el heavy.
Luego de 25 años, ¿Cómo se sostiene una banda, que es como una familia?
Somos amigos. Y eso es impagable. Hemos tenido charlas profundas. Somos una de las pocas bandas que nunca se separó. No tuvimos otros miembros. Salvo que en 2010 falleció nuestro baterista, muy joven. Lo recordamos siempre. Cerramos cada show con una canción muy emotiva que habla de él. Pero somos amigos. Nos llevamos muy bien. Cada uno con su forma de pensar, pero con respeto. Y con esos valores, cualquier proyecto se puede sostener.
¿Qué tienen preparado para lo que resta del año?
Tenemos fechas que van surgiendo y otras que están fijas. Siempre llevamos un show nuevo, cambiamos canciones, tenemos repertorios distintos. Si vas todos los años al mismo lugar, no podés tocar lo mismo. Ya llegamos al punto de empezar a decir: «¿Qué hacemos?» Y sí, tenemos clásicos. Increíblemente, tenemos clásicos. Este año sacamos «Crónica de una verga anunciada«, el nuevo disco con muy buen recibimiento. Muchos dicen que es el disco más serio de la banda, a nivel poético.

