Es Licenciado en Psicopedagogía, docente de educación especial, músico, hacedor cultural, poeta y curioso. Juan Olano toma las historias más crudas y provocadoras y las devuelve a la vida con melodías que atraviesan la memoria y reabren preguntas sobre nuestra identidad. Integró Autofagia durante los 90, y en 2020 presentó «Polirubro Tandil«, junto a un colectivo de músicos denominado Crisantemo y La Cofradía Variopinta, con un puñado de canciones, diferentes entre sí, pero con la misma esencia.

El próximo 10 de octubre estará participando de Suena Tandil (Celebración de la música local), presentando su última producción en el Auditorium del CCU (Yrigoyen 662 – Tandil) a partir de las 19hs.

Para quienes tal vez no te conocen o son de generaciones más jóvenes, ¿Quién es Juan Olano? ¿Cómo resumirías tu camino como músico, desde aquellos primeros pasos en los ’90 hasta este regreso con «Polirubro Tandil» en el 2020?

Soy un músico autodidacta que se crió en los 90 y que encontró en la música la posibilidad de crear, decir, abrazar y estar con otros en tiempos de mucha orfandad política y social. Eran años duros, pero había una búsqueda esperanzada de salir, estábamos más claros. Los primeros pasos fueron en la querida Escuela de Música Popular junto a Marcos Farcy, Martin Quiñones y Nico Lasa, éramos La Red. Escuchábamos Charly, Fito y el Flaco. Allí salieron las primeras composiciones. Luego, allá por el 96 junto a mi hermano Fran Olano y German Menacho formamos Papa Doc, banda con muchas influencias de bandas nacionales y latinoamericanas que fueron las bases para lo que sería a partir de 1998 Autofagia. Escuchábamos de todo, rock, folclore y tango, no nos copaban los guetos, podíamos escuchar todo, lo vivíamos así. Lo que más nos interesaba eran bandas como Café Tacuva, Los Visitantes, Bersuit, Mano Negra, Pedro y Pablo, Rubén Patagonia, Edmundo Rivero, Quilapayun, Los jaivas, Violeta Parra, Los Olimareños, Victor Jara, Kjarkas, León Gieco, Todos tus Muertos, Cadillacs, cumbia, murga uruguaya y también AC/DC, Beatles y los Pistols. Una ensalada hermosa.

Autofagia se arma en el 98 y tuvo varias formaciones pero la base fue Fran, German y yo. De ahí salían las composiciones y las movidas. Tocamos 8 años en Tandil y la zona. Grabamos un disco que se llama «Una Gillette en el tobogán«.  Los recitales eran una fiesta en la que participaban muchos artistas de diferentes artes y palos. Era una época de resistencia cultural y política. Leíamos a Gelman, Galeano y Jauretche y los militábamos en los recitales volanteando escritos y poemas, aveces en canciones. Sus voces están en el disco. Tocábamos en festivales, plazas, centros culturales y nos seguía mucha gente. Había mucho agite. Nuestros recitales eran un acto de resistencia. En Tandil estaba Zanatelli.

En 2006 nos disolvimos, habíamos llegado a un muy buen nivel musical, teníamos músicos de primera. Llegamos a un momento que en el que «había que jugársela» y salir a tocar afuera. Hicimos unas fechas en La Plata, pero quedo ahí. El país estaba cambiando fuerte con Néstor Kirchner y algunos decidimos poner la energía en acompañar ese proceso desde otro lugar.

Después me alejé de la música y en 2019 salio la posibilidad de volver a juntar a Autofagia en una movida que armamos con unos compañeros y amigos en la peña La Cautiva. El encuentro de llamo «Triglipalooza «y tocaron Los Venenosos, Pura Sangre y nosotros. Fue hermoso volver y ahí volvió a picar el bicho. Ya en pandemia, confinado y trabajando desde casa, volví a componer y todo fue fluyendo. Salieron 6 canciones que decidí grabar invitando a ser parte a gente querida que admiro y valoro mucho. Allí salió el disco «Polirrubro Tandil» donde, como en un polirrubro, había de todo un poco.

En los ’90, con Autofagia, tus canciones mezclaban humor, rebeldía y mucha crítica social, en una época en la que la mayoría de las bandas locales cantaban sobre noches de rock and roll, birras, amores rotos o excesos. Mientras otros hablaban desde el ego o lo superficial, ustedes llamaban a despertar el pensamiento crítico. Siempre encontré en vos algo de lo que hacía Gustavo Cordera: canciones divertidas y de joda que, entre líneas, dejaban mensajes profundos para reflexionar. ¿Cómo sentís que esa esencia de Autofagia sigue viva (o evolucionó) en «Polirubro Tandil»?

Yo soy muy respetuoso de todos los estilos y las historias. Cada uno ocupo su lugar y fue cobijo a tantos y tantas jóvenes que no encontraban en la política y en la sociedad un poco de fantasía para seguir viviendo. Nuestra actitud era esa y así vivíamos y seguimos viviendo, son formas que uno va encontrando y eligiendo para seguir e intentar hacer algo interesante de los días. La revolución, las birras, los amores rotos, las pasiones, la autodestrucción, la paciencia, la risa, el encuentro…me parece que lo importante es ser genuino y fiel a uno mismo, eso es lo que perdura, la marca que dejamos o intentamos dejar alejándonos lo mas posible de modas y tendencias que en definitiva nos enajenan y nos apartan de nuestra esencia.

Yo siento que nunca me traicione y que sigo en esa búsqueda autodidacta que a esta altura de mi vida, creo que me acompañara siempre. Soy un músico bastante primitivo, con poco talento técnico pero orgulloso de cada canción que he hecho y de cada encuentro que he construido siempre con otros.

Una de las canciones más potentes del EP está dedicada al Tata Dios, figura tan discutida y polémica de la historia local. ¿Qué te llevó a rescatarlo y cantarle?

La figura de Tata Dios, el curandero Gerónimo Solané, viene siendo rescatada desde hace un tiempo en nuestra ciudad por un grupo de tandilenses de diferentes profesiones y oficios (historiadores, docentes, empleados y estudiantes nucleados en el Frente Cultural Gerónimo Solané). Durante décadas se lo señaló sistemáticamente como responsable de la matanza de extranjeros ocurrida en enero de 1872 en Tandil. Solané fue acusado, encerrado y asesinado en el calabozo que estaba donde hoy está el Teatro del Fuerte. Todos los años, fundamentalmente en enero, salen notas en diarios nacionales reafirmando esta versión que es la historia oficial. Pero parece que la trama es más compleja y que Solané fue el chivo expiatorio de otros intereses económicos y los responsables de la matanza fueron grandes hacendados, respetables terratenientes y supuestos benefactores de nuestro pueblo con complicidad del poder político y judicial de la época.

Una historia maravillosa, una verdad oculta y develada que necesite hacerla canción y ahí salió «Al Tata«. La canción cuenta con una introducción con un texto mío en la voz del querido compañero Raúl Etchegaray a través que quien pude conocer al Tata en su diario de Plaza Moreno, cuando lo retrataron junto a Garijo en una viñeta, rumbo a su entierro, en Plaza Moreno, con una semblanza hermanada a la imagen del Che Guevara muerto en La Higuera.

Son seis canciones «nacidas bajo la falda de la Movediza». ¿Qué hay en ese paisaje serrano que se cuela inevitablemente en tu música?

Y, yo vivo en la move. Pero nací en el centro, a una cuadra de la Municipalidad. Fui a jardín y primaria en escuela privada y tuve el honor de «caer en la pública«, en la Técnica 3. Larralde decía: «tengo amigo en el gobierno, tengo amigo en la zanja, entre el arriba y abajo, que grande se ha hecho la franja«. Conocí de todo y siempre me revelaron las injusticias, la desigual distribución de las riquezas, las vidas que valen más que otras, la opulencia y la avaricia del rico. Reivindico la Movediza más que como paisaje serrano como territorio de derechos.

Tandil tiene una matriz conservadora y discriminadora muy fuerte que se instala como verdad absoluta. Una de las canciones del disco se llama «Carolina de Movediza» y tiene un videoclip que filmamos en el barrio.  Otra canción que hicimos para el Bicentenario de la inauguración del Fuerte de Tandil, fue «Acá algo pasa«. Y ahí también aparece un poco algo de todo esto que nos pasa: la matanza de la que acusaron Tata Dios, Zanatelli, la Metalúrgica que se va sin pena ni gloria, la falta de acceso a la tierra, la Quinta de los Méndez, etc., etc., etc (…)

Autofagia marcó una época en la escena tandilense con su humor filoso y su mirada crítica. ¿Qué queda hoy de aquella banda? ¿Hay algún contacto, material guardado o posibilidad de volver a tocar juntos, aunque sea en forma de reunión especial?

De aquella banda quedaron recuerdos hermosos de momentos compartidos, de haber generado espacios de libertad y lucha,  de gente linda con la que aun nos seguimos encontrando y recordando pedazos de historias.  Siempre está la posibilidad y la tentación de volver, que se yo, vibramos igual, pero si por algo nos caracterizamos es por nunca repetirnos y siempre está bueno buscar lo que viene. Hay mucho por hacer.

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