Desde Tandil, un grupo de músicos locales fusiona la libertad de la improvisación con la riqueza de la composición contemporánea, creando un universo sonoro único que trasciende géneros y fronteras. Con dos álbumes en su haber y uno en camino, Orquesta Inorgánica llegará al escenario del Aula Magna (Pinto 399- Tandil) el próximo 9 de octubre a las 19hs. en el marco de Suena Tandil.

Conversamos con Jorge Torrecillas, quien dirige el proyecto actualmente, para conocer en profundidad su ADN distintivo y cómo lo comparten en la escena local.

¿Cómo surgió la Orquesta Inorgánica de Tandil y cuál fue la motivación detrás de su creación?

La orquesta surge aquí cuando yo no vivía en la ciudad, pero viajé durante muchos años a trabajar en la Escuela de Música Popular. En mi última época que vine, entre 2016 y 2018, se empezó a gestar esto. Yo había hecho mucha música en los últimos años donde vivía en el conurbano y desarrollaba mucha actividad, como sigo haciendo todavía en Capital. Había hecho muchas experiencias con grupos chicos, cuartetos, tríos, y tenía muchas ganas de encargar esto a un nivel más grande, con más instrumentos. Acá lo empecé a probar y a aprender.

Cuando a los instrumentistas los sacás de su lugar de confort, o huyen o se interesan; no hay puntos medios. Después dejé de viajar porque me jubilé en la Escuela de Música Popular, y el proyecto se hizo más práctico. Hicimos algunos conciertos durante 2019 y 2020, y ya en 2021 nos radicamos acá. Ahí empezó el grupo con continuidad, se grabaron discos y se tuvo un buen recorrido a nivel nacional e internacional. La motivación fue hacer algo más relacionado con lo libre y fusionar lo escrito con la música que se genera en el momento.

¿Quiénes integran actualmente la Orquesta Inorgánica y qué aporta cada uno a la propuesta sonora del grupo?

El proyecto actualmente está integrado por María Irianni (flautas), Ana Vocaturo (clarinete), Sandra Chariatti (saxos y clarinete), Fabián Bullotti (saxos y flauta), Milton Rodrigues (saxos), Enrique Sarraquigne (saxos), Luis Tangorra (guitarra y electrónica), Daiana Grierson (batería), Mario Alba (contrabajo) y Jorge Torrecillas (saxos y composición). En esta oportunidad en el Aula Magna estaremos tocando junto a Florencia Lupidio en voz.

Cada integrante aporta su experiencia y estilo particular, combinando influencias de jazz, rock, música académica y electrónica, generando un sonido experimental y cohesionado.

¿Podrían contarnos sobre los proyectos o álbumes que han realizado hasta ahora?

El grupo ya tiene dos discos, reconocidos como discos del año en 2022 y 2024 por el medio El Intruso, que realiza encuestas y relevamientos de la escena musical nacional e internacional. Se grabaron en estudios locales, con participación activa de todos los músicos. A pesar de no pertenecer a una escena musical central, el grupo ha recibido reconocimiento nacional e internacional, con críticas positivas de Europa, Estados Unidos y México. Todos los chicos trabajan mucho, se ensayan todas las semanas, y aunque también tocan otras cosas, la orquesta ha logrado consolidarse como un referente de la música improvisada y experimental en la región.

¿Qué referencias culturales, artísticas o filosóficas han inspirado la creación de su repertorio?

Las referencias musicales son muchísimas. He escuchado mucha música y muchos músicos me han servido como referencia, de todos lados y de todos los estilos. Hay un correlato con corrientes de jazz libre de Chicago, donde se gestaron experiencias musicales muy interesantes desde la década del 50 y 60. También en Europa, en Inglaterra, durante la década del 60 hubo un gran movimiento de música libre. La música académica del siglo XX ha sido un gran pozo de ideas. Además, hay mucho rock experimental, con músicos como Frank Zappa. En general, se trata de un mix de influencias que confluyen en la improvisación y la experimentación sonora.

¿Cómo abordan la improvisación dentro de la orquesta? ¿Tienen reglas o estructuras guía para que funcione la experimentación colectiva?

La improvisación tiene algunas consignas: la no forma y la no jerarquía de los instrumentistas. No hay solista ni gente que acompaña; la música está planteada dentro de un concepto atonal. Los arreglos pueden estar escritos siguiendo alguna corriente de composición del siglo XX. Mezclo ideas, buscando que la composición tenga una sonoridad y se relacione con la música improvisada en el momento, tanto en la orquesta como en grupos más pequeños.

No hay reglas estrictas; a veces, cuando es un grupo grande, aparece la idea de dirección con algunas señas o gráficos. Con el tiempo, los instrumentistas han aprendido a resolver situaciones por sí mismos; hay subdirecciones entre dos o tres integrantes que se pasan consignas. Para un instrumentista, hacer esta música es lo más atractivo que puede pasar. Es música que no es muy conocida ni comercial, y requiere atención, algo poco común hoy en día, donde los clips y la inmediatez superan la experiencia de escuchar un disco completo.

Algunos hablan de “música abstracta” o “sonidos experimentales” cuando describen propuestas como la suya. ¿Cómo definirían ustedes su propia estética musical?

La estética musical busca generar motivos en el momento y desarrollarlos, invitando al oyente a usar su imaginación. Los integrantes vienen de distintos estilos: rock, jazz, música académica, creando un mix que a veces se describe como no idiomático. La relación con el jazz tiene raíces históricas: desde los comienzos de la música estrictamente improvisada hasta el free jazz de Chicago, retomando la idea de música abierta con menos estructura. La orquesta combina libertad, composición y experimentación, generando un sonido que trasciende etiquetas y géneros.

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