Hay discos que funcionan como carta de presentación. Y hay otros (más raros, más necesarios) que se sienten como una carta abierta. “Manda saludos”, el primer álbum de Sebastián Paunero, pertenece a esa segunda categoría: un gesto afectivo, casi epistolar, donde cada canción parece dirigida a alguien, pero termina encontrando eco en todos.
Desde su concepción, el álbum deja en claro que no se trata de un proyecto solista en el sentido clásico. Aunque todas las composiciones llevan la firma de Paunero, el pulso del disco es profundamente colectivo. Una red de músicos, estudios caseros y complicidades artísticas sostiene una obra que respira cercanía y cuidado en cada detalle.
En ese entramado colaborativo aparecen nombres que aportan identidad y matices: Joaquín Galeliano (piano), Antulio Pozzio (batería), Gabriel Vilches (bajo), Maximiliano Abal Piatti (guitarras eléctricas), Santiago Peri (guitarra acústica), Pablo Tieri (guitarra criolla), Julián Rossini (teclados), Pablo Muñoz (violines), junto a las voces de Francisco, Esteban, Agustín y Magdalena Paunero (coros). La columna vertebral sonora se completa con el trabajo integral de Alfredo Calvelo (producción artística, teclados, guitarras, percusiones, programaciones, producción y grabación de voces y coros, edición, mezcla y masterización, además de coros), mientras que el propio Sebastián Paunero (voz y coros, pandereta y guitarra criolla) refuerza esa sensación de cercanía, casi como si el oyente estuviera dentro del proceso creativo.
La geografía de “Manda saludos” también es parte de su narrativa. Parte de las sesiones (como las de Antulio Pozzio y Santiago Peri) fueron registradas por Matías Sellanes en Euterpe Estudio, mientras que otros músicos grabaron en sus propios estudios hogareños, sumando una textura más orgánica y contemporánea. Las voces, coros y cuerdas de la familia Paunero y de Pablo Muñoz se registraron en un entorno íntimo, en la casa de Sebastián, y el proceso se terminó de consolidar en Estudios Hollywood, donde tanto Calvelo como Paunero dieron forma final al sonido del disco.
Hay algo en el título que funciona como clave de lectura. “Manda saludos” no es solo una frase cotidiana; es una forma de afecto mediado, de vínculo a la distancia, de presencia indirecta. El álbum se mueve en ese territorio: canciones que nacen desde lo personal pero que, al desplegarse, construyen una experiencia compartida. Los arreglos (trabajados entre Calvelo, Paunero y los músicos invitados) oscilan entre lo sutil y lo expansivo, con momentos donde las voces cobran protagonismo coral y otros donde la instrumentación se vuelve más introspectiva, evitando cualquier linealidad.
El arte de tapa, realizado por Ramiro Galeliano sobre un dibujo de Claudio Rubén Vega, acompaña esta lógica de traducción colectiva: una obra que nace de otra, que se reinterpreta, que se vuelve nueva sin perder su origen.
Financiado de manera independiente (con aportes de Lao Paunero, Germán Cernuschi, Adela West y el propio Sebastián) el disco reafirma una convicción clara: la de hacer música desde la autogestión sin resignar profundidad ni ambición artística. La edición y distribución está a cargo de Dr. Parnassus Editorial Musical Argentina, sumando un marco profesional a una obra nacida desde lo cercano.
En tiempos donde lo inmediato suele imponerse, “Manda saludos” elige otro ritmo. No busca impresionar de entrada, sino quedarse. Es un debut que no necesita levantar la voz para hacerse escuchar: le alcanza con decir lo justo, en el momento indicado. Porque a veces, mandar saludos es mucho más que un gesto. Es una forma de decir: acá estoy.
