Hay discos que nacen en estudios cómodos y en tiempos tranquilos. Y hay otros que se construyen contra el viento. «Still Here«, el nuevo álbum de Ghost in the Willow, pertenece claramente a la segunda categoría.
La banda de rock con espíritu punk originaria de Phoenix (Arizona), lanzó su segundo disco el 6 de marzo de este año, y el título no podría ser más preciso: «Still Here» (Todavía aquí) funciona como una declaración de supervivencia artística y personal.
Durante la última década, el proyecto atravesó pérdidas familiares, problemas de salud, cambios en su formación y el desafío permanente de construir una banda independiente en una escena que rara vez hace las cosas fáciles. Sin embargo, lejos de detenerse, Ghost in the Willow transformó esa experiencia en su trabajo más ambicioso hasta la fecha: “El título es literal y simbólico”, explica el líder del grupo, Gil Rodriguez y agrega “Yo sigo aquí. La banda sigue aquí. Todos seguimos aquí, intentando hacer lo mejor posible con la vida en un mundo que no siempre es ideal.”
De proyecto acústico a banda expansiva
Ghost in the Willow nace en 2017 como un proyecto acústico solista de Rodriguez, que en ese momento también formaba parte de la banda punk The Combat Medic. La idea inicial era simple: un espacio para canciones que no encajaban en otros proyectos, aunque las canciones tenían otros planes, y lo que comenzó como folk punk acústico fue creciendo hasta convertirse en una banda completa que se mueve con libertad entre distintos territorios sonoros. Hoy el grupo está integrado por Gil Rodriguez ( voz y guitarra), Sam Camacho ( violín y voces), Sean Harris (batería), Zach Sealover (guitarra) y Ryan King (bajo). La incorporación de Camacho, con su violín y sus armonías vocales, fue particularmente decisiva para el sonido del grupo: “Cuando Sam empezó a sumar capas de violín, todo cambió”, recuerda Rodriguez, “De repente las canciones tenían profundidad. Luego llegaron las armonías y el sonido empezó a expandirse.”
El resultado es una banda difícil de encasillar. A menudo se los describe como “demasiado punk para el público rock y demasiado rock para el público punk”. Pero esa frontera difusa es justamente donde Ghost in the Willow encuentra su identidad: una mezcla de urgencia punk, melodía alt-rock y una sensibilidad narrativa cercana al universo del cantautor.
Sobre su último álbum
«Still Here» también está marcado por un período personal muy intenso para Rodriguez. En los últimos años perdió a su padre, su madre y su hermano, atravesó un trasplante de riñón y despidió a un antiguo colaborador, y curiosamente, el objetivo nunca fue hacer un disco explícitamente sobre esos eventos: “Intenté no escribir un álbum sobre esas cosas”, cuenta Rodriguez, “Pero cuando mirás el resultado, los temas ya estaban ahí: la pérdida, la muerte, el aislamiento.”
Una de las canciones más íntimas del disco, “My Dad & I”, apareció en las etapas finales de grabación, inspirada en un demo telefónico inconcluso y con un guiño a Paul Westerberg. Otras canciones exploran la soledad, los vínculos perdidos y la determinación silenciosa de seguir adelante. Para el baterista Sean Harris, el hilo conductor del álbum es claro: la resiliencia. “Cada canción tiene algo que ver con seguir adelante”, dice. “Todos atravesamos cambios y pérdidas mientras trabajábamos en este disco, y esa urgencia se siente.”
Este trabajo fue producido y mezclado por Kyle McAulay, integrante de Spanish Love Songs, y marca un salto importante en la dimensión sonora de la banda. Las grabaciones se realizaron entre Phoenix y los legendarios NRG Studios de Los Ángeles, combinando la crudeza de las sesiones locales con una producción más amplia y cinematográfica. La mitad del disco se registró en FC Studio junto al colaborador habitual Derrick Fish, mientras que en Los Ángeles la banda exploró baterías más grandes, guitarras en capas y arreglos más ambiciosos.
Uno de los elementos más llamativos del álbum es la presencia de vientos, especialmente en el tema que da nombre al disco y en la nueva versión de “Westerberg”. El guiño al maximalismo del rock clásico (con ecos de la E Street Band) convive con la energía directa del punk. El resultado fue un disco que alterna entre lo íntimo y lo expansivo, entre la confesión personal y un muro de sonido pensado para grandes escenarios.
Para trasladar esa escala al escenario, Ghost in the Willow amplió su formación en vivo. Actualmente se presentan como sexteto, y en algunos conciertos suman una sección completa de vientos que lleva la banda a nueve músicos. La gira de lanzamiento del álbum comenzó el 8 de marzo en Mesa (Arizona), después de una presentación acústica especial en Phoenix abriendo para Matt Pryor y continuará en distintas ciudades dónde llevarán la pureza y la energía de este nuevo álbum.
