El country partner de Songdew en México, Pablo Yáñez, habló sobre la escena independiente, los desafíos de los músicos emergentes, el impacto de la inteligencia artificial y la necesidad de construir carreras con identidad, estrategia y equipo.

En una charla relajada pero profunda, Pablo compartió su recorrido desde la música académica hasta el mundo de los negocios musicales. Entre reflexiones sobre el mainstream, la escena independiente y el avance de la inteligencia artificial, dejó una mirada honesta sobre las dificultades que atraviesan hoy los artistas emergentes en Latinoamérica.

Antes de trabajar en la industria musical, ¿Qué lugar ocupaba la música en tu vida?

Interesante pregunta porque inicié siendo músico. Empecé mi vida musical con el violín, más en el ámbito académico que comercial o tradicional. Y ya más adelante me pasé al “lado oscuro”, como dicen por ahí. No es cierto, ¿no? Pero sí, me quise dedicar más a la parte de los negocios que a ser músico.

¿Y qué fue lo que más te atrajo de trabajar en la industria musical en lugar de dedicarte exclusivamente a tocar?

Fue una mezcla de varios factores. La pandemia influyó bastante. Yo, al salir de la preparatoria, quería dedicarme al music performance, tocar el violín, estar en una orquesta o ser solista. Pero también me llamaban mucho los negocios. Vengo de una familia de comerciantes y siempre estuve empapado en ese mundo. Pensé que podía existir un enlace interesante entre ambas cosas.

Pablo cuenta que finalmente encontró en Ciudad de México una carrera enfocada específicamente en negocios de la música, algo que todavía considera poco común en Latinoamérica.

En realidad, en la carrera no nos enseñan tanto sobre tocar un instrumento, sino todo lo que rodea a la industria.

“Hay mucho corazón y poco cerebro”

Al hablar sobre la escena independiente mexicana, Pablo fue directo: La industria musical aquí es muy próspera, pero solo para quienes saben cómo moverse. La escena independiente tiene muy buenas canciones y artistas, pero hay mucho desconocimiento sobre qué hacer para explotar esa música.

Y agrega una frase que resume buena parte de la conversación: “Hay mucha pasión, mucho corazón… pero a veces poco cerebro.

Según explica, muchos proyectos fracasan no por falta de talento sino por falta de dirección, estrategia o decisiones claras: «Muchos músicos conocen lo que deberían hacer, pero no están dispuestos a sostener una carrera de resistencia. Y eso termina pesando.«

La diferencia entre Ciudad de México y el interior

Uno de los puntos más interesantes de la charla fue la comparación entre México y Argentina respecto al centralismo cultural: «Todo se concentra en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. El resto pareciera quedar relegado.«

Pablo explica que en muchas provincias mexicanas la música se consume de forma distinta, especialmente por la enorme presencia de festivales gratuitos organizados por gobiernos locales: «La gente está acostumbrada a escuchar artistas enormes gratis. Entonces después es muy difícil cobrar una entrada para ver una banda independiente.«.

Incluso menciona el reciente show gratuito de David Guetta como ejemplo del fenómeno.

Corridos tumbados, trap y contracultura

Consultado sobre las tendencias musicales actuales en México, Yáñez señaló que el regional mexicano y los corridos tumbados dominan el mainstream: «Todo lo que antes era contracultura hoy se convierte en mainstream.«

Según explica, los corridos tumbados mezclan elementos tradicionales mexicanos con una narrativa aspiracional ligada al dinero, el poder y el reconocimiento social: «Los jóvenes consumen mucho eso. Ya se volvió pop, en el sentido de popular.«

Sin embargo, identifica al trap y al hip hop como los nuevos espacios de contracultura: «Aunque muchas veces abordan temas sensibles o realidades complejas, suelen ser más autorreflexivos y funcionar como reflejo social más que como aspiración.«

Inteligencia artificial: ¿Herramienta o reemplazo?

Uno de los momentos más fuertes de la entrevista apareció cuando la conversación giró hacia la IA y la música generada artificialmente.

Pablo revela que su tesis universitaria estuvo enfocada en inteligencia artificial y derechos de autor: «La IA debería ser una herramienta, no una sustitución«. También menciona estudios recientes donde oyentes comunes no pudieron diferenciar canciones hechas por humanos de canciones creadas con inteligencia artificial. «La pregunta no es si está bien o mal. La pregunta es qué vamos a hacer al respecto.«, y agrega una comparación histórica interesante: «Cuando aparecieron los sintetizadores, muchos músicos pensaron que se terminaba el trabajo. Pero no pasó. Lo que cambia es el panorama de la industria.«

Aun así, reconoce que existe cierta preocupación: “También lo digo con un poco de miedo a que se convierta en un arma de doble filo.

“El artista no crece solo”

Hacia el final, Pablo dejó varios consejos para músicos emergentes: «Siempre se cree que el artista exitoso llega solo, pero detrás siempre hay un equipo.» Managers, personas de confianza, gente que crea en el proyecto y ayude a sostenerlo en el tiempo: para él, ese es uno de los pilares fundamentales. También insiste en algo que considera clave: La identidad, «La música es el último de los productos que conecta con la gente. Antes de eso hay muchos pasos intermedios.«

Y concluye: “Muchos músicos promocionan solamente la canción, pero no todo lo que hay alrededor. Y cuando todo eso alrededor está bien construido, la música termina cuajando.

Más que distribución: acompañamiento

A lo largo de la charla, quedó claro que la visión de Pablo sobre la industria musical coincide con una idea que hoy muchos artistas independientes buscan desesperadamente: no sentirse solos.

En ese sentido, la propuesta de Songdew parece apuntar justamente a cubrir un vacío que existe en gran parte de Latinoamérica: el acompañamiento integral.

Lejos de funcionar solamente como una distribuidora digital para subir música a plataformas, la propuesta busca generar herramientas, conexiones, estrategias y orientación para artistas que muchas veces tienen talento y canciones, pero no cuentan con estructura, equipo o conocimientos sobre cómo desarrollarse dentro de la industria.

En una escena donde abundan músicos con pasión pero faltan guías, formación y dirección, la figura de los country partners aparece también como un puente entre artistas independientes y un ecosistema musical cada vez más complejo, tecnológico y competitivo.

Porque, como dejó entrever Pablo durante toda la entrevista, hoy ya no alcanza solamente con hacer buenas canciones: también hace falta entender el contexto, construir identidad y aprender a sostener una carrera en el tiempo.

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