Silvia Taraborelli es cantora, docente, productora de eventos, hacedora y artesana tandilense. Durante muchos años llevó adelante La Cautiva, un espacio que fue cobijo de numerosos artistas, donde se realizaron peñas, milongas y presentaciones de músicos y bandas de folclore, tango y otros géneros. Años de trabajo y aporte a la cultura local que hoy rinden sus frutos: el viernes 10 de octubre será homenajeada su figura y trayectoria en el marco de Suena Tandil, en el Auditorio del Centro Cultural Universitario. Antes de ese merecido reconocimiento, conversamos con ella sobre su camino, su mirada sobre la música y la cultura local.

¿Cuál es tu primer recuerdo fuerte ligado a la música?

Uy, hay muchos… Pero el más fuerte que recuerdo es cuando era chica y con mi hermano y mi mamá jugábamos a que éramos cantantes y actuábamos en un restaurante que improvisábamos en la cocina de casa. Cantábamos con un micrófono e instrumentos musicales que mamá nos había construido en madera. Siempre la música estuvo presente, en cada etapa de mi vida.

¿Cómo fue ese camino inicial en Tandil y qué referentes locales o nacionales te marcaron?

Como digo, la música siempre estuvo presente en casa, en mi vida. Comencé a estudiar guitarra y a cantar a los 14 años, y ya a los 17 me subí por primera vez a un escenario. Siempre rodeada de músicos generosos y amigos que me fueron guiando. Tomé clases con Sofía Galicia, gran cantante y profesora. Luego, más de grande, viajé a Buenos Aires a tomar clases para cantar tangos, y hoy en día sigo estudiando.

Como referentes locales podría citar a Alicia Carmona y a Mercedes Porta; y a nivel nacional, ya de chica escuchaba a Mercedes Sosa, Julia Elena Dávalos, Violeta Rivas… ¡Un montón! En casa siempre se escuchaba mucha música, y de la más variada.

Fuiste parte de espacios como La Cautiva. ¿Qué significó para vos sostener un lugar cultural propio en la ciudad?

Sin lugar a dudas, La Cautiva fue la experiencia más fuerte que tuve en toda mi vida. Fue una gran etapa en la que aprendí muchísimo, de múltiples cosas. Ahí pude desarrollar varias aristas que me apasionan, como la gestión y producción cultural, la gastronomía y la organización de eventos, la docencia, etc.

Fue una etapa en la que conocí muchísima gente, muchos de ellos hoy son grandes amigos, que conservo como el más preciado de los tesoros.

Fue un espacio que recibió a grandes artistas locales, nacionales y también extranjeros; muchos vinieron una y otra vez, y eso me llena de orgullo.

La Cautiva marcó mi vida para siempre. Fueron 16 años intensos, adrenalínicos, vertiginosos, felices y a la vez angustiantes. Porque pasó de todo: momentos buenos y de los no tanto. Pero hoy, viendo hacia atrás, solo me quedo con lo mejor, satisfecha por la tarea desarrollada y por el sueño cumplido… mío y el de varios.

¿Cuáles son las principales limitaciones que todavía frenan el desarrollo de los músicos locales?

Ser músico o productor en Tandil es complicado. Nos encontramos con ciertas trabas que hacen más difícil desarrollarnos. A veces es agotador.

Uno de los impedimentos con los que nos encontramos es el hecho de conseguir una sala o espacio donde tocar o producir un espectáculo. Hay pocos espacios que reúnan ciertas características y, a veces, los que hay son casi inaccesibles. Las salas municipales son un claro ejemplo de esto. No solo es casi imposible conseguir una fecha, sino que además no están equipadas ni acondicionadas como corresponde, siendo que deberían ser espacios para uso público y en beneficio de los artistas locales.

Hoy en día cualquier producción, por mínima que sea, da pérdida. Porque tenés que salir a alquilar un espacio, alquilar sonido y luces, pagar impuestos, más los gastos de la producción en sí. No hay cuenta que dé. Por eso es que muchos músicos no tocan: no solo no ganás dinero, sino que es muy probable que arriesgues mucho y hasta pierdas.

¿Qué le falta a Tandil para transformarse en un polo musical profesional, comparable a lo que ocurre en otras ciudades del país?

Gracias a la música he viajado mucho y he tocado en muchas ciudades donde hay otras movidas, otra mirada sobre lo que es la actividad cultural. Otras ciudades donde valoran y cuidan los edificios históricos, y donde se organizan y desarrollan ciclos y actividades culturales impulsadas por las direcciones de Cultura. Un ejemplo de acá cerquita: la vecina ciudad de Azul y su Teatro Español.

No se entiende cómo Tandil, que dice ser una ciudad turística, no integra a la cultura como parte fundamental de su actividad. No lo entendemos… En fin.

Hay muchísima oferta artística en nuestra ciudad, toda de altísima calidad, pero un gran porcentaje de eso se da de manera independiente, en la periferia y hasta casi en la “clandestinidad” (por decirlo de alguna manera). Igual, hablando de esto último, prefiero que así sea, que se “permita” hacer shows en cualquier lado donde se tomen los recaudos, y no que los espacios sufran la presión, persecución y acoso que en una época vivimos/sufrimos nosotros en La Cautiva (etapa para el olvido).

Revalorizar la función del artista dentro de la sociedad (y ese valor, por supuesto, también es económico), sería fundamental.

Digo, se podría hacer mucho y con muy poco. Lo principal, que es el material humano y artístico, está: solo hay que cambiar la visión.

¿En qué proyectos musicales o culturales estás trabajando actualmente?

Recientemente he sido convocada para dos proyectos hermosos, bastante diferentes entre sí, que me tienen muy entusiasmada. Así que, prontito, estaré por los escenarios nuevamente, después de un tiempito de inactividad.

También he empezado a bocetar lo que va a ser El Viaje II. El año pasado produje un espectáculo personal, así como me gusta a mí: siempre compartiendo e integrando distintas disciplinas. Digamos que salió lindo y el público lo recibió muy bien. Así que en eso estoy: pensando repertorio, pensando con quiénes compartir y en poner lo mejor de mí para que el año que viene esté listo para estrenar. Ojalá tenga la misma aceptación por parte del público que tuvo El Viaje anterior.

Siempre muy, muy agradecida con la gente que me apoya, me acompaña y me alienta a seguir.

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