En su nuevo cortometraje, José Ponce explora la intimidad del dolor y la depresión como estados silenciosos que no siempre irrumpen, sino que se instalan. «Benteveo» propone una mirada sostenida (sin apartar los ojos de la tormenta) y convierte la caída en travesía, la máscara en voz y la herida en posibilidad de redención.

En «Benteveo», el nuevo cortometraje de José Ponce, el dolor no estalla: se instala. Al principio duele; después no. Se vuelve ritmo, repetición, costumbre. Como el ave que le da nombre, el personaje mira fijo, sin apartar la vista, incluso cuando la tormenta ya quebró el mástil y el timón se perdió.

Filmado en el establecimiento Los Manantiales de Dolores Bengolea, en Azul (Buenos Aires), el corto construye una poética sobre la depresión como estado ambiguo: no siempre ahoga, a veces invita a entrar. La caída deja de ser accidente y se transforma en camino.

Dirigido y protagonizado por José Ponce, con maquillaje de Iara Fritz, filmación y edición de Luciano Díaz, postproducción de Lulo FX, títulos de Mariana Binder y gestión artística de Ezequiel Calvo, «Benteveo» no es un disfraz: es una mirada que permanece mientras todo sucede.

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