Trompetista formado en Tandil, con una trayectoria que lo llevó por distintos escenarios, ciudades y proyectos, Juan Badenas repasa su recorrido, sus influencias y las experiencias que marcaron su identidad musical.

¿Qué te llevó a elegir la trompeta como voz musical en tu vida? ¿Hubo un momento específico, un maestro o una experiencia que te marcó?

Conocí la trompeta por un amigo de la familia, José Luis, padrino de mi hermano, que vivía en Pedro Luro. Esto fue cuando era muy chiquito, entre los 3 y los 5 años, pero después volví a encontrarme con el instrumento a los 21, en la Escuela de Música Popular de Tandil. Me anoté ahí un poco por impulso: mi compañera de ese momento me pidió que la inscribiera en la escuela, ella tocaba el saxo, y ese día decidí anotarme yo también. El recuerdo de José Luis y la trompeta siempre están presentes.

Vos te formaste en Tandil, pero ese aprendizaje no quedó encerrado en un lugar. Tu camino te llevó a otros escenarios, ciudades y contextos musicales. ¿Por dónde anduviste y qué experiencias sentís que fueron clave para construir el músico que sos hoy?

Estando todavía en Tandil arranqué en la Escuela de Música con el maestro Nelson Castro. Luego empecé a viajar a Olavarría a tomar clases y, más adelante, a Buenos Aires, donde estudié con Ramiro Nasello y Juan Cruz de Urquiza. En la Carrera de Jazz del Conservatorio Superior Manuel de Falla estudié con Enrique Norris. También tomé clases con Richard Nant en Nueva York; con Alex Sipiagin y Bryan Davis; en Boston, con Phil Grenadier; y con Nadjee Noordhuis.

Todos fueron dejando algo en mí, y fueron y son importantes: me dieron conceptos, ideas y formas de acercarme a la música. En cuanto a los conciertos, siempre recuerdo uno con José en el Anfiteatro Martín Fierro. Tocamos a dúo: él con la portaestudio y la guitarra, y yo con la trompeta y el trombón, en ese escenario enorme, ante cientos de personas.

Mirando tu propia carrera, ¿Hay algún proyecto, concierto o momento que consideres un antes y un después para tu evolución artística?

Creo que en cada etapa, y a lo largo de mi recorrido musical, siempre hubo proyectos importantes que me impulsaron a seguir creciendo y tocando. Uno de los más importantes fue The Generation of Swing, con el que tocamos durante 10 años y pudimos presentarnos en los escenarios más importantes de la Ciudad de Buenos Aires y también en Rosario, Tandil, Chaco, entre otros.

Otra de las formaciones en las que participé en los últimos años fue el Brass del Falla, dirigido por Carlos Ovejero, que cambió mi manera de tocar y de entender el sonido del instrumento. El Brass es un programa de extensión del Conservatorio Manuel de Falla y, bajo la dirección de Carlos, convergíamos músicos de instrumentos de metal de todos los niveles. Fue un espacio formativo muy importante para mí.

No sé si puedo identificar un momento clave en todo el recorrido; creo que todos los grupos, los maestros y los músicos con los que pude tocar me marcaron de alguna manera.

¿Qué música estás escuchando ahora? ¿Hay artistas o estilos que te inspiren especialmente en esta etapa?

Siempre escucho bastante jazz. Hace unos años empecé a interesarme por corrientes del jazz que fusionan el ambient y el hip hop, como Nadjee Noordhuis, Marquis Hill, Theo Croker y Keyon Harrold. También sigo escuchando a los maestros de siempre: Miles Davis, Clifford Brown, Kenny Dorham, Art Farmer y Chet Baker. Todo esto se mezcla con un poco de rock, pop y algo de folclore, que siempre aparecen en la playlist.

Grabar con José Ponce implica sumarse a una idea que ya está en movimiento. ¿Qué te despertó esa experiencia y qué sentís que te llevaste de esos cruces musicales?

Con José tocamos juntos desde fines de los 90 o principios del 2000. Luego yo me vine a vivir a Buenos Aires y pasaron unos años hasta que volvimos a encontrarnos, así que me trae muchos buenos recuerdos de esas primeras etapas: de los ensayos, de grabar los temas, de las salidas a tocar en dúo primero y en banda después. Anduvimos bastante tocando en esas épocas.

En la actualidad, la posibilidad de aportar el sonido de mi trompeta a la música y que mis ideas sean bien recibidas es algo lindo y que suma para seguir.

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