Música, compositora y creadora inquieta, Gimena Álvarez Cela recorre sus inicios, su trayectoria, el proceso creativo detrás de «SHIMA» y reflexiona sobre el presente de la música en un mundo atravesado por la tecnología, la crisis y la transformación global.
Para quienes te descubren ahora: ¿Cómo empezó tu vínculo con la música y en qué momento sentiste que ya no era solo una búsqueda personal sino un camino de vida?
Bueno, mi vínculo con la música comenzó a muy temprana edad. Siempre fui muy activa con las canciones, tal vez como todos los niños, pero me quedaba particularmente tratando de sacar melodías de las películas que veía o de las canciones que iba escuchando. Tuve la suerte de tener un piano acústico en mi casa familiar, así ahí empezó todo. En verdad nunca lo vi como una búsqueda personal, sino como un camino personal y de vida, es decir, como una forma de vida, para hacerlo más redundante aún.
A lo largo de los años formaste parte de proyectos y giras muy distintas entre sí. ¿Qué te dejó ese recorrido como música y qué aprendizajes sentís que hoy se reflejan en tu obra solista?
Experiencia, por sobre todas las cosas, para poder actuar en este momento de una forma más enfocada en la música que quiero hacer, el mensaje que quiero transmitir, cómo me quiero desenvolver en el escenario y con qué personas me quiero vincular a la hora de armar un equipo para hacerlo.
Cuando entrás al estudio, ¿Cómo es tu forma de trabajar una canción desde la primera idea hasta la versión final? ¿Sos más de capturar el momento o de pulir en capas?
Siempre encaro de maneras diferentes. A veces tengo canciones/ideas ya que traigo de casa, otras me dejo llevar por las herramientas que tengo en el estudio para componer. Trato también de amalgamarme con otros, captar los consejos o visiones que me plantean los artistas, técnicos, productores con los que trabajo, adaptarme a las diferentes formas de trabajar porque me gusta ver qué se propone en conjunto con lo que yo tengo para dar. A veces voy con algo puntual, otras no tengo nada y surge, inclusive de las cosas que transcurren en la cotidianeidad de ese mismo día.
¿Qué instrumentos, tecnologías o rituales creativos son hoy fundamentales a la hora de componer? ¿La canción nace desde la letra, el sonido, una emoción puntual?
Mi realidad es que no hay una, son todas, a veces turnadas, otras todas juntas, jaja.
Los instrumentos que haya ese día para jugar, pues se compone. Cuantos menos elementos, mejor; luego sé que parte de la producción va de la mano de la ornamentación y orquestación de la canción o disco. Personalmente, las veces que más me gusta es cuando nace de una emoción puntual, aunque devenga en otra cosa.
En un contexto donde plataformas como YouTube y Spotify se llenan de proyectos creados con inteligencia artificial, y donde algunos músicos sienten amenaza mientras otros creen que nada esencial va a cambiar, ¿Pensás que la IA pone en riesgo a la música en sí o más bien cuestiona el ego, el lugar y el pedestal que históricamente ocupó el músico? ¿Cómo te posicionás vos frente a ese escenario?
Me cuesta, pero me gusta. Trato de abrirme a la propuesta de la IA y tratar de no sonar a ella principalmente. No sé si hago bien o hago mal, pero hago lo que me sale. Lo veo como una herramienta más, que ya está en el mundo. La parte artística siento que en mí no se va a borrar, solo me queda incorporar, aunque todavía no entienda muy bien cómo hacerlo.
En esta década atravesada por guerras, crisis y reordenamientos globales (muy similar al clima de los años 20 y 30 previos a la Segunda Guerra mundial) la cultura suele quedar relegada frente a lo “útil”. En un país como Argentina, que vuelve a ocupar el rol de proveedor de alimentos, energía y territorio estable, ¿Sentís que la música queda en la periferia del proyecto de país? ¿Cómo se crea y se sostiene una obra cuando la cultura deja de ser prioridad estatal y pasa a ser casi un acto de resistencia?
Pienso que se crea y se sostiene justamente como acto de resistencia. Aunque las condiciones sean malísimas, somos demasiado ricos culturalmente para lo poco que se valora. Ojalá eso cambie algún día. Y, por supuesto, que soy de las personas que piensa que la música es muy útil a nivel todo; que no sea útil para el poder es otro cantar. En general, por lo que entiendo del arte, no es algo que represente particularmente al sector privilegiado.
Después de «SHIMA» y de la gira, ¿En qué etapa creativa te encontrás hoy y qué proyectos o búsquedas están marcando este nuevo momento?
Estoy comenzando a maquetar mi segundo disco, que tengo pensado lanzar este año.
El 12 de marzo llega la tercera edición del ciclo «Al piano» en La Casa de Lolita, con varios invitados confirmados como Willy Pianccioli (Tipitos) y Valentina Cook (Escorpia) entre otros.
